Promesa de sangre, de Brian McClellan

Promesa de sangre, de Brian McClellan

20 mayo, 2021 0 Por Alberto Martin

Gamon Fantasy, el sello de fantasía de la editorial Trini Vergara, ha empezado con muy buen pie su andadura por este género, pues cualquiera de los tres libros que han publicado hasta la fecha (La última sonrisa en Sunder City, Reyes de la tierra salvaje y, el que hoy nos ocupa, Promesa de sangre) son un auténtico regalo para los amantes del género. Además, nacen con el firme propósito (al menos así lo especifican en la primera página de cada uno de estos libros) de publicar sí o sí las sagas al completo, cosa que elimina la conocida ansiedad que genera entre los lectores a la hora de no saber si las continuaciones de las obras que tienen en sus manos tendrán la publicación asegurada. En este sentido, me parece una carta de presentación francamente muy respetable por destacable por parte de Gamon.

Pero aquí hemos venido a reseñar Promesa de sangre, la primera entrega de la trilogía de Los Magos de la Pólvora que se completará con La campaña escarlata y La República de otoño, en 2022 y 2023, respectivamente. La historia nos traslada al reino de Adro, con una ambientación basada en la Francia siglo XVIII, con su icónica guillotina, sí, pero también con unos toques de magia en la que luego nos adentraremos. El Rey es conocido por sus excesos y su desidia para con el pueblo y la gota que colma el vaso es el tratado que firma con Kez y que convierte a los habitantes de Adro en, prácticamente, esclavos de dicho reino. Para bien o para mal, el Mariscal de Campo Tamas toma cartas en el asunto y decide derrocar al rey, ajusticiarlo y reconducir la política y la sociedad de Adro. Tras asesinar a toda la camarilla del rey, Tamas es asediado por una frase que han dicho todos y cada uno de los ajusticiados: «No se debe romper la promesa de Kresimir». Para tratar de dilucidar qué quieren decir y que supone esa promesa, contrata a Adamat, un antiguo inspector de la policia ahora retirado y que inciará una investigación con consecuencias insospechadas.

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Es muy probable que los aficionados al fantástico hayan asociado el nombre de Brian McClellan, su autor, al todopoderoso Brandon Sanderson (y, en menor medida, al también genial Orson Scott Card), probablemente el autor vivo de fantasía más importante del momento. Y no sólo porque haya sido alumno suyo, sino porque, y leyendo Promesa de sangre uno lo ve bastante claro, los ecos de la obra de Sanderson son poderosos y evidentes en la escritura y composición de McClellan. McClellan, al igual que su mentor, es capaz de insuflar vida y complejidad a sus personajes de una manera memorable, además de construir un sistema de magia sólido y original, aunque con ciertas reminiscencias de aquellos alománticos que poblaban Nacidos de la bruma. Sorprende, positivamente, claro está, que la primera obra de McClellan tenga tantísima personalidad y tan buen hacer: uno es incapaz de abandonar su lectura, que nos conduce a través de multitud de complots, traiciones, investigaciones… que generan en el lector la necesidad de seguir leyendo, aunque sea ya muy entrada la madrugada y uno deba madrugar al día siguiente.

McClellan parte de tres puntos de vista para narrarnos la trama: por un lado, el ya mencionado Mariscal Tamas, un personaje duro, pero aquejado por un mar de dudas ante el océano de responsabilidades que se le abren al tener que gestionar un reino. El autor es capaz de alejarse de la magia para adentrarse en los terrenos de la política y la sociedad, la religión y las relaciones entre reinos con gran soltura y enorme interés. Por otro lado, Adamat nos aboca al género de la investigación, con un ritmo cercano al thriller y con constantes giros argumentales. Por último, Taniel «Dos disparos», el hijo un tanto rebelde de Adamat, se adentra en el terreno de la acción y la magia con batallas narradas con mucho brío y precisión. Como veis, tres puntos de vista que enriquecen la trama y le dan una gran variedad que hace imposible que nos aburramos.

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Sin duda, más allá del ritmo incesante de la obra, lo que reclama nuestra atención es el sistema de magia que ha creado: los Magos de la Pólvora son personas capaces de utilizar la pólvora para aumentar su fuerza y rapidez así como controlar la dirección de los disparos y las explosiones con pólvora. Sumémosle a ellos los Dotados: una serie de personas con un don específico e inigualable, por ejemplo, el de no necesitar dormir, algo esencial para un guardaespaldas. Pero aún hay más, los Privilegiados son un grupo de magos que pueden dominar mediante el uso de unos guantes el fuego, el aire para generar escudos… Y, por último, los Quebrantamgos, una serie de Privilegiados que cancelan los poderes de estos y los hacen vulnerables. Como digo, un sistema de magia tan profundo como detallado y dotado de una originalidad a prueba de bombas: un reclamo para aquellos que disfrutan desarrollando este tipo de sistemas y sus implicaciones.

Hemos tenido que esperar ocho años a que alguien se atreviera con la traducción de esta trilogía, y Gamon Fantasy lo ha hecho además con una edición preciosa de tapa dura con sobrecubierta. Es cierto que Brian McClellan bebe de Sanderson, pero su voz sabe imponerse y crear un mundo en el que da gusto perderse: las horas pasan y la lectura se sucede en un suspiro gracias a sus personajes y lo ágil de su narración. El cierre de esta primera obra deja entrever una continuación aún más grande e intensa que la obra que da origen a esta trilogía: por suerte, solo toca esperar un año a su publicación. Sea como fuere, la pólvora ya se ha encendido y no hay quien la pare.