La lluvia caía como si la ciudad intentara limpiar el olor rancio del queso olvidado. Las farolas parpadeaban sobre callejones estrechos, donde los charcos devolvían reflejos torcidos de un mundo construido a base de migas y mentiras. Aquí, la verdad no se encuentra… se esconde entre grietas y se paga con algo más que monedas.
Me llamo Jack Pepper. Detective privado. No soy el más listo de la madriguera, pero en este negocio basta con no acabar atrapado en la ratonera equivocada. Y créeme, en esta ciudad cada esquina está llena de trampas… y no todas llevan muelle.
Todo empezó con un caso sencillo. Siempre empieza así. Un encargo menor, unas pocas preguntas, un par de nombres que nadie quiere roer en voz alta. Pero aquí, cuando tiras de un hilo, no encuentras queso al final… solo más laberinto.
Ahora estoy metido hasta los bigotes. Corrupción, traiciones y tipos que enseñan los dientes antes de decir una palabra. Y mientras intento recomponer este rompecabezas, no puedo evitar pensar que algo huele peor que un almacén olvidado.
Porque en esta ciudad, hasta el ratón más limpio guarda su propio trozo de queso podrido.
Y yo… bueno, yo tampoco soy precisamente fresco.
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Mouse P.I. arranca con uno de esos recursos tan clásicos del cine: una escena de acción que culmina en un momento, a priori, fatídico, tras el que veremos un rebobinado al origen de la historia. La aventura acaba de empezar y ya sabemos qué podemos esperar: un trepidante shooter con un fuerte componente cinematográfico y mucho humor. Este breve arranque funciona como tutorial para introducirnos en las mecánicas básicas y, de paso, atraparnos por completo en la propuesta. A partir de ese momento descubrimos un boomer shooter muy gamberro que se sostiene entre tiroteos, investigación, coleccionables, cierto plataformeo y mucha, mucha diversión.
El título esconde una historia noir cargada de clichés en un universo que transcurre en Ratónburgo durante los años 30. Así veremos gangsters, detectives duros con coletillas ingeniosas cada vez que acaban con sus enemigos, periodistas entrometidas, femmes fatales, tabaco, whisky y, sobre todo, mucho queso. Lo curioso es que, aunque Mouse P.I. se recrea constantemente en estos clichés, funciona como una bala. Cada chiste relacionado con el queso, cada comentario socarrón, cada nota de saxofón, cada callejón oscuro y cada voz en off nos harán jugar con una sonrisa, disfrutando de lo exagerado del tono y entendiendo, por supuesto, que estamos ante una aventura tan desenfadada como el propio cartoon que vemos en pantalla.

Artísticamente, el estudio ha tenido a bien animar el juego utilizando un estilo cartoon propio de la misma década, recordando inevitablemente a los cortometrajes clásicos de animación, aunque con una versión más grotesca y gamberra. Aunque el acabado visual es sencillamente sobresaliente, este apartado fue durante bastante tiempo su principal fuente de dudas. Desde que ciertas licencias clásicas pasaron a dominio público en 2023, no han sido pocos los productos que han intentado aprovechar el tirón con resultados cuestionables. Afortunadamente, este no es uno de ellos. La ambientación noir está presente de forma evidente, apoyándose en el uso del blanco y negro para lograr un acabado propio del cine negro y un estilo artístico que, sin duda, es el mejor apartado del juego. Todas las animaciones y personajes están dibujados a mano en 2D sobre fondos tridimensionales y lucen tan bien como los propios dibujos animados de la época en la que se inspiran. Para ello se emplean ciertos trucos, como evitar que los NPC permanezcan completamente estáticos: incluso aquellos que no se mueven girarán para no darnos la espalda y evitar mostrar sus costados.

En consonancia con esta ambientación encontramos una gran banda sonora a ritmo de jazz, con temas que acompañan la acción tanto en los momentos de mayor intensidad como en la exploración más calmada, siempre en equilibrio con lo que vemos en pantalla. Además, el jazz da paso a otros estilos según el contexto: desde el misterioso laboratorio de Bandel, acompañado por theremín que evoca ciencia ficción de bajo presupuesto, hasta los banjos sureños en las zonas de playa. Es en estos momentos donde se percibe que la aventura amplía sus miras y no se limita únicamente al noir. Más allá de lo musical, no será extraño encontrarnos con guiños y homenajes a Frankenstein, Indiana Jones y otras sorpresas que es mejor no desvelar.
Ratónburgo actúa como un trasunto de Los Ángeles de la época, con sus colinas, su puerto o sus estudios cinematográficos. Localizaciones todas magníficamente representadas en estilo cartoon y con un diseño de niveles bastante efectivo tanto para la exploración como para la acción. Tendremos arenas donde dar rienda suelta a nuestro arsenal, conductos por los que colarnos, barriles que explotar, puntos de anclaje para usar la cola como látigo y un buen número de posibilidades que se combinan en una jugabilidad realmente divertida. Eso sí, no esperéis que en este apartado se reinvente la rueda. Mouse P.I. apuesta por un shooter muy clásico: sin apuntado, con cierta verticalidad y en el que combinaremos patadas con un arsenal variado que invita a alternar armas, ya que la munición no es infinita. Recomiendo elevar la dificultad por encima del nivel estándar, ya que en normal el juego resulta bastante asequible, siendo un paseo en la mayoría de situaciones salvo en los jefes finales, que, por lo general, son originales y divertidos, aunque tampoco suponen un gran obstáculo más allá del segundo o tercer intento.

Aparte del componente shooter, la aventura incluye minijuegos como el forzado de cerraduras, que nuevamente pecan de sencillos, y, sobre todo, un divertido juego de cartas de béisbol con bastante miga. Deberemos coleccionar cartas escondidas por los escenarios o adquirirlas en las armerías para construir una baraja que nos permita derrotar a nuestros adversarios en mesas de apuestas, desbloqueando una sorpresa final tras ganar 20 partidas. Sencillo y adictivo, es otro de los puntos fuertes del juego, aunque, de nuevo, se echa en falta algo más de profundidad.
Un aspecto algo extraño es que, si bien los límites del escenario están bien definidos y no suponen un problema jugable, visualmente encontramos numerosas puertas abiertas y accesos —por donde aparecen los enemigos— en los que no podemos entrar, representados simplemente con un fondo negro. Es un detalle atípico que podría haberse solucionado fácilmente cerrando dichos accesos. Curioso, cuanto menos.

En conjunto, Mouse P.I. For Hire ofrece una propuesta sólida y bien cohesionada, donde su ambientación noir adaptada a un universo de ratones destaca con naturalidad y personalidad propia. El apartado artístico demuestra un cuidado notable por el detalle, mientras que el diseño sonoro acompaña con acierto, reforzando la atmósfera sin resultar intrusivo. Más allá de lo estético, el juego consigue mantener un ritmo ágil y una experiencia entretenida, apoyándose en mecánicas accesibles que invitan a avanzar sin fricciones. No busca reinventar el género, pero sí ejecuta sus ideas con suficiente criterio como para resultar convincente.
Dentro del panorama actual, y sin necesidad de grandes alardes, termina posicionándose como una de las sorpresas más agradables de 2026, especialmente para quienes valoren propuestas con identidad y un enfoque más contenido.
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