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Análisis Ion Fury

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Los 90 fueron, qué duda cabe, la cuna de lo macarra, de lo radical, de lo extremo, de lo histriónico. La películas de acción eran todo exceso y one liners, y eso, claro traspasó la barrera del medio para permear en otro que estaba subiendo como la espuma, los videojuegos. De ese caldo de cultivo nacieron los first person shooters que dieron el pistoletazo de salida a un género que no ha hecho sino crecer. Las obras magnas de los dos Johns habían llegado para poner de moda reventar primero nazis y luego demonios a escopetazos mientras nos imaginábamos a nosotros mismos caminando a cámara lenta con la explosión de turno a nuestras espaldas dejando caer nuestra frase lapidaria. Poco tardaron el resto de compañías en intentar emular el éxito de Id software con Wolfenstein 3D y Doom. Los FPS empezaron a salir de debajo de las piedras. Pero sólo unos cuantos pudieron sobresalir, y uno de ellos, concretamente, se convirtió por derecho propio en un nuevo referente. Os hablo, claro, de Duke Nukem 3D. El bueno de Duke soltaba coñas de mal gusto, pateaba traseros y metía billetes en el tanga de las strippers en un entorno que pese a no ser realmente tridimensional, sí que transmitía la sensación de serlo. Todo esto gracias al trabajo de Ken Silverman y su creación, el motor Build. Motor que ahora pone en escena el título que hoy nos ocupa, Ion Fury.

 

No tengo muy claro cuántos pedían alborozados un nuevo juego que retomara las sensaciones de este título y demás contemporáneos, pero desde luego, con Ion Fury se pueden ir frotando las manos. Porque Ion Fury destila sabor a Duke Nukem por todos sus poros ya desde la pantalla de inicio. Desde la fuente de los menús hasta las texturas en baja resolución pasando por un diseño que opta por dejarnos directamente en mitad de la acción sin ningún tipo de tutorial para que seamos nosotros los que vayamos aprendiendo los rudimentos de su jugabilidad, la aventura protagonizada por Shelly Bombshell es puro shooter de los noventa.

Esto implica varias cosas, pero la principal y más notoria sin duda alguna es la ausencia de la mayoría de las mecánicas que hemos aceptado como habituales en este tipo de títulos. Las coberturas brillan por su ausencia y los enemigos no son precisamente un prodigio de la inteligencia artificial. No van a intentar flanquearnos ni sacarnos de nuestro escondite con una granada. Su estrategia más bien pasa por avanzar hacia nosotros disparando ráfagas con la sana intención de llenarnos de plomo a la mayor brevedad posible. Y dado el diseño de los escenarios, la mejor opción para sobrevivir a la balacera es no parar de movernos mientras apuntamos y disparamos. Como en los Duke Nukem 3D, Blood o Shadow Warrior, vaya.

Es quizás aquí donde encontramos el único punto negro dentro de la propuesta de VoidPoint, y es que tanto en los controles integrados de mi Switch Lite, como con el mando Pro de una Switch estándar el control con doble analógico me ha resultado demasiado impreciso y mucho menos fiable, ya no que cualquier shooter de PC con ratón y teclado, si no con otros shooters en la misma Switch. Y esta imprecisión unida a una propuesta tan frenética provoca muchas más muertes de las que nos gustaría, puesto que el juego también es deliberadamente old school también en la dificultad, bastante más desafiante de lo que estamos acostumbrados hoy día.

Pero aún con esto, cuando te acostumbras a su ritmo y te autocorriges para adaptarte a su control el Switch, Ion Fury es una propuesta que encandilará a cualquier amante de aquellos tiros noventeros que un día fueron carne de shareware y de CD’s de Tatoo. Shelly Bombshell viene de los noventa armada hasta los dientes y apuntando con sus frases lapìdarias directamente a tu corazoncito. Y no va a parar hasta que recuerdes lo feliz que fuiste entonces.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ion Fury

7.5

Historia

6.0/10

Jugabilidad

8.0/10

Diseño Artístico

9.0/10

Diseño de Sonido

7.0/10

A Favor

  • Apartado gráfico y sonoro reminiscente de los grandes clásicos noventeros.
  • Ritmo endiablado.
  • Muy desafiante

En Contra

  • El control en Switch no es todo lo preciso que nos gustaría.
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