Un apasionante desafío roguelite que combina exploración, lógica, azar y estrategia.
Si, has leído bien. Blue Prince mezcla con maestría toda esa retahíla de conceptos y géneros, dando lugar a una experiencia llena de intriga y personalidad. ¿No te haces idea de sobre qué puede ir semejante batiburrillo? Nosotros tampoco podíamos hacérnosla antes de ponernos a los mandos. Pero te aseguramos que el viaje te va a merecer la pena. Ven, entra con nosotros en esta imponente mansión, que vamos a dar un paseíto…
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Blue Prince es uno de esos títulos a los que es mejor enfrentarse sabiendo lo menos posible, de forma que se antoja harto complicado describirlo sin arriesgarme a estropear la experiencia del lector. Por esta razón, empezaré por la conclusión con la que pensaba rematar el artículo, para que puedas saltarte el resto si quieres ir lo más a ciegas posible a por él: Blue Prince te va a apasionar si te gustan los juegos de puzles, investigación y exploración. Y si además eres aficionado a los roguelites de cartas, o los juegos de mesa cooperativos o individuales, ni te digo lo rápido que debes ir a comprar este juego. No lo dudes y darle una oportunidad, que te va a agarrar de la solapa y no te va a soltar hasta que no descubras el último de sus secretos.
La premisa argumental del juego es simple y no muy original: somos los herederos de Mount Holly, una impresionante mansión en medio de las montañas, que tiene la particularidad de que sus habitaciones van cambiando de ubicación de un día a otro. Para poder formalizar la herencia, se nos desafía a encontrar la llamada «habitación 46«, estancia que, a priori, no parece encajar en el nada detallado plano del edificio del que disponemos.

A partir de aquí se propone el bucle principal del juego, que consiste en comenzar cada día en el hall de la mansión, desde donde arrancamos nuestra exploración del lugar. En esta primera estancia encontraremos siempre tres puertas cerradas, cada una orientada a uno de los lados interiores: delante, izquierda (ala oeste) y derecha (ala este), quedando la puerta principal de todo el recinto detrás nuestra abierta de par en par. La mecánica principal consiste en el hecho de que, al elegir qué puerta queremos abrir, se nos desplegarán tres opciones de habitación que podemos encontrar al otro lado, entre las que tendremos que, forzosamente, elegir una en ese momento. El conjunto de habitaciones que se nos pueden ofrecer para «dibujar» hace las veces de mazo de cartas en juegos estilo deckbuilders y, como es habitual en ese género, podremos ir reforzando nuestro catálogo de habitaciones disponibles mejorando las ya existentes y añadiendo algunas nuevas. Eso ocurrirá en determinadas habitaciones que iremos encontrando a medida que vayamos consumiendo días recorriendo y rediseñando la mansión. Cada vez que pasemos de una estancia a otra consumiremos uno de los limitados «pasos» que podemos dar a lo largo del día. Cuando estos llegan a cero, el juego nos informa de que estamos demasiado cansados como para continuar con nuestras pesquisas, por lo que es necesario terminar el día, «dar por terminado el día», que es la forma que tiene Blue Prince de mandarnos a la casilla de salida y dar por concluida cada run. Además, algunas habitaciones tienen un coste asociado para poder ser dibujadas, a través de un sistema de divisas que el juego propone compuesto por llaves, gemas y dinero, que iremos encontrando en nuestra exploración del recinto. Tendremos que hacer malabares con todos estos recursos limitados con una nada desdeñable profundidad estratégica para no quedar bloqueados y tener que empezar de cero al día siguiente.
El estilo artístico de Blue Prince recuerda al cómic, con bordes de trazo grueso y repleto de vivos colores. Los escenarios están llenos de detalle y la mansión realmente transmite los ecos de las vidas que transcurrieron entre sus inquietas paredes. Se ha echado de menos un rendimiento un poco mejor en Switch 2, donde los 30 frames por segundo a los que corre el juego se antojan injustificadamente limitados a estas alturas. No obstante este borrón, la experiencia visual que nos ofrece el juego es muy disfrutable, con multitud de estampas ante las que quedarnos absortos por un momento, antes de continuar desentrañando misterios y tirando de un hilo del que nunca nos cansaremos.

La banda sonora y los efectos son reactivos y se van adaptando a la habitación en la que estemos, con lo que la sensación de realmente estar entrando en cada estancia es de lo más realista. Este brillante conjunto de recursos audiovisuales unido a la maestría cinematográfica del estudio, que destaca en ciertas transiciones y secuencias cinemáticas que se nos muestran en determinados momentos clave de la aventura, dotan al conjunto de un nivel de calidad extraordinario.

El estudio californiano Dogubomb, que ha dado a luz a esta criatura que tenemos entre manos, ha realizado un brillante trabajo que roza la excelencia equilibrando todas las partes que componen el bucle jugable de Blue Prince, convirtiéndolo en un auténtico pozo de horas y haciendo de este, su juego de debut, una maravilla adictiva e intrigante como pocas. Además, desde ahora también está disponible para Nintendo Switch, lo cuál es de agradecer, ya que es un título que en portátil y a ratitos se juega que da gusto.
No os lo penséis: venid a Mount Holly a intentar desentrañar sus misterios. Vais a vivir una experiencia nueva, sin parangón en el mundo de los videojuegos. Pero sed precavidos: quizá no queráis volver a salir de esta mansión nunca…
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Blue Prince
29,99€A Favor
- Propuesta original y sorprendente a cada nuevo paso.
- El estilo gráfico es sobresaliente.
- La ambientación es inmersiva y hace sentir que estamos realmente recorriendo Mount Holly.
En Contra
- El rendimiento en Nintendo Switch 2 no es el que se podría esperar
- Para los neófitos en el género roguelite puede resultar frustrante.







