Motor City. Crítica - Noespaisparafrikis Videojuegos - PlayStation, Xbox, Nintendo, PC

Motor City. Crítica

Detroit Noir

Tener a Alan Ritchson de protagonista basta como declaración de principios. Este armario empotrado de tamaño y dotes interpretativas similares a las del gran Arnold asegura tortas de  las que hacen sentir bien a todos menos a los que las reciben, en un espectáculo que no por previsible y mil veces repetido deja de ser entretenido. El argumento nos sitúa en el año 1977, en Detroit, buscando una estética de cine noir y glamour de otra época, con imágenes de  textura que se ve vieja, enmarcadas en un contexto urbano sucio, aceitoso. La década de los setenta permite representar estereotipos que en el cine actual parecen tabú, con hombres duros y mujeres florero, lo cual resulta refrescante en un momento en el que arriesgarse a ofender a alguien parece un pecado capital.

La historia gira en torno a un triángulo de amor entre John Miller (Ritchson), Reynolds (Ben Foster, actor prolífico pero poco conocido) y Sophie (Shailene Woodley, también ajena a la fama, salvo para los fans de la saga Divergente). Completando el reparto tenemos a Savick

(Pablo Schreiber), policía corrupto con mucho peso en la trama, y cuya presencia, sobre todo en la escena de presentación, recuerda muchísimo al gran Hans Gruber de la Jungla de Cristal, y  Youngblood (Lionel Boyce) y Singh (Amar Chadha‑Patel), compañeros de guerra dispuestos a arriesgar sus vidas por él.

Hay una decisión estética que destaca sobremanera a lo largo de todo el metraje, y es una forzada cámara lenta en escenas de acción que recuerda mucho al cine de John Woo. Todas  estas escenas se muestran cambiando el sonido ambiente por canciones que convierten cada secuencia en un videoclip, muy al estilo de Miami Vice. Yo diría que llevan este artificio un poco lejos, porque se convierte en la forma principal de narrar toda la historia, pero quizá sea la decisión adecuada para darle dramatismo sin que los actores tengan que poner mucho de su parte. No nos engañemos, esto no es cine de autor y nadie se ha embarcado en esta aventura para ganar un Óscar. Pensando en otras reminiscencias evocadas se me vienen a la cabeza la camarera de Baby Driver, la segunda parte de El Último Gran Héroe, o incluso Bullit, salvando las distancias.

Ritchson pasa por una pequeña transformación, luciendo en la primera parte una melena digna de Jason Momoa, ochentera como todo lo demás, para deshacerse de ella en una metáfora inversa de Sansón cuando decide acabar con todos los responsables de haber terminado en prisión. Y claro, con el pelo rapado no podemos evitar ver en él a la bestia parda de Reacher que resuelve todas las situaciones sin pestañear y con la mano abierta.

En resumen, es una película que sin tomarse muy en serio a sí misma consigue un resultado notable, irónica pero sin payasadas, seria pero sin afectación, con un hiperrealismo que recuerda (otra referencia más) a Sin City, y una realización que la acerca a una ópera de acción más que un puro thriller. Un instrumento narrativo que más allá de contar una historia busca transmitir las emociones que tenemos ligadas al cine de acción clásico. Y todo ello envuelto en una banda sonora muy completa que es la principal protagonista.

Tener a Alan Ritchson de protagonista basta como declaración de principios. Este armario empotrado de tamaño y dotes interpretativas similares a las del gran Arnold asegura tortas de  las que hacen sentir bien a todos menos a los que las reciben, en un espectáculo que no por previsible y mil veces repetido deja de ser entretenido. El argumento nos sitúa en el año 1977, en Detroit, buscando una estética de cine noir y glamour de otra época, con imágenes de  textura que se ve vieja, enmarcadas en un contexto urbano sucio, aceitoso. La década de los setenta permite representar estereotipos que en el cine actual parecen tabú, con hombres duros y mujeres florero, lo cual resulta refrescante en un momento en el que arriesgarse a ofender a alguien parece un pecado capital.

La historia gira en torno a un triángulo de amor entre John Miller (Ritchson), Reynolds (Ben Foster, actor prolífico pero poco conocido) y Sophie (Shailene Woodley, también ajena a la fama, salvo para los fans de la saga Divergente). Completando el reparto tenemos a Savick

(Pablo Schreiber), policía corrupto con mucho peso en la trama, y cuya presencia, sobre todo en la escena de presentación, recuerda muchísimo al gran Hans Gruber de la Jungla de Cristal, y  Youngblood (Lionel Boyce) y Singh (Amar Chadha‑Patel), compañeros de guerra dispuestos a arriesgar sus vidas por él.

Hay una decisión estética que destaca sobremanera a lo largo de todo el metraje, y es una forzada cámara lenta en escenas de acción que recuerda mucho al cine de John Woo. Todas  estas escenas se muestran cambiando el sonido ambiente por canciones que convierten cada secuencia en un videoclip, muy al estilo de Miami Vice. Yo diría que llevan este artificio un poco lejos, porque se convierte en la forma principal de narrar toda la historia, pero quizá sea la decisión adecuada para darle dramatismo sin que los actores tengan que poner mucho de su parte. No nos engañemos, esto no es cine de autor y nadie se ha embarcado en esta aventura para ganar un Óscar. Pensando en otras reminiscencias evocadas se me vienen a la cabeza la camarera de Baby Driver, la segunda parte de El Último Gran Héroe, o incluso Bullit, salvando las distancias.

Ritchson pasa por una pequeña transformación, luciendo en la primera parte una melena digna de Jason Momoa, ochentera como todo lo demás, para deshacerse de ella en una metáfora inversa de Sansón cuando decide acabar con todos los responsables de haber terminado en prisión. Y claro, con el pelo rapado no podemos evitar ver en él a la bestia parda de Reacher que resuelve todas las situaciones sin pestañear y con la mano abierta.

En resumen, es una película que sin tomarse muy en serio a sí misma consigue un resultado notable, irónica pero sin payasadas, seria pero sin afectación, con un hiperrealismo que recuerda (otra referencia más) a Sin City, y una realización que la acerca a una ópera de acción más que un puro thriller. Un instrumento narrativo que más allá de contar una historia busca transmitir las emociones que tenemos ligadas al cine de acción clásico. Y todo ello envuelto en una banda sonora muy completa que es la principal protagonista.

Javier Garcia
Últimas entradas de Javier Garcia (ver todo)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Colossus: Eternal Blight
Analisis En Portada PC Videojuegos

Colossus: Eternal Blight. Review.

Colossus: Eternal Blight es un juego, que en mi caso personal, ha ido de menos a más. Comenzó siendo un pequeño juego por el que solo tenía curiosidad y se ha convertido en el titulo al que he dedicado más horas durante estas semanas y que ha desbancado de mi SteamDeck a pesos, supuestamente más pesados, como The Adventures of Elliot: The Millenium Tales. Un juego en acceso anticipado al que aun le faltan cosas por pulir pero que tiene toda la pinta de convertirse en uno de los grandes juegos de aventuras de este año.

Léelo Ya
Antonio Ganga En Portada PC Videojuegos

Deep Core. Análisis

Share this…FacebookTwitterWhatsappLos juegos de gestión y estrategia económica tienen una virtud que los diferencia de muchos otros géneros: son capaces de convertir tareas aparentemente rutinarias en auténticos rompecabezas. Organizar recursos, optimizar una cadena de producción o conseguir que una mercancía llegue a su destino a tiempo puede resultar tan satisfactorio como derrotar al enemigo final […]

Léelo Ya
En Portada Podcast

Otro Podcast de Videojuegos Programa 19: La Industria se va a la mierda!!!

Esto es OPV (Otro Podcast de Videojuegos), el podcast oficial de la web Noespaisparafrikis.com, y os traemos un especial veraniego para hablar de lo de Sony y el formato físico y todos los lios de estas semanas.

Léelo Ya