Adoro los juegos de plataformas, los amo con toda la fuerza de mi murciano corazón. Nací como jugón con ellos, con Mario Bros y Alex Kidd, crecí con Super Mario World y Sonic the Hedgehog y hoy, en el ocaso de mi vida gamer, sigo disfrutando como un auténtico gorrino revolcándome entre las plataformas y los saltos de cualquier buen juego, en glorioso 2D faltaría más, que se me presente de este género. Y quitando las aventuras del fontanero de Nintendo, el erizo azul hace tiempo que se borró de la competición, la escena indie es el lugar más adecuado donde buscar titulos que nos ofrezcan este tipo de experiencias. Y Dark Scroll es uno de los mejores representantes del padre de todos los géneros videojueguiles.
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Si vamos al fundamento, si nos desprendemos de todo lo ornamental, y realmente vamos a lo nuclear, Dark Scroll es un plataformas que cumple con todos los checks básicos que podamos imaginarnos en un juego de este corte. Cuenta con una historia sencilla, para la ocasión tres aventureros son engañados por un caballero para robar un tesoro y al final son traicionados por su empleador y ahora, vuelven de la tumba en busca de venganza. Las pantallas, o niveles, son un compendio de plataformas que sortear y los enemigos surgen a miles a nuestro paso y siempre, siempre, aparecen en el lugar más puñetero y que más daño te va hacer. Es un juego que en sus primeros minutos quiere recordar a una especie de Ghost & Goblins mezclado con un Adventure Island, creedme que ninguno de esos dos nombres estan cogidos al azar. Pero conforme van cayendo las partidas, y las muertes, las diferencias jugables que empezamos a notar lo empujan hacia otra dirección.
A cada salto que damos, a cada enemigo que matamos, vamos viendo como sobre ese esqueleto de arcade de plataformas clasicote los chicos de Doinksof han ido introduciendo nuevas características. La pantalla no se mueve a la par que nuestro personaje si no que va avanzando hacia la derecha de manera continua e imparable, empujando a nuestro personaje siempre hacia adelante y apurándonos siempre a la hora de recoger alguna moneda. La jugabilidad de los tres personajes iniciales es, cuanto menos, peculiar. No hay ninguno muy bueno, ni ninguno muy malo, es más me atrevería afirmar que todos son bastante mediocres, o al menos limitados, como héroes de acción, las mejoras de la tienda son ridículamente caras y el recorrido final del juego es relativamente corto, apenas 4 niveles. Y todas estas cosas parecen enmarañar un concepto sencillo, pero al introducir su faceta Roguelite todo toma un nuevo sentido.

En ese momento Dark Scroll se abre a una nueva dimensión. Los personajes iniciales son todos unos paquetes, es cierto, pero todas sus debilidades iniciales se van compensando gracias a las habilidades que vamos adquiriendo en la tienda, si, en esa tienda que es tan cara pero que a base de hacer run tras run va ofertando complementos a tu ataque que, siendo tan caros como para no permitirte comprarlos todos de una vez (ni de dos), si que tienen una variedad suficiente como para que nunca salgas de ella sin un poder nuevo. Poderes, dicho sea de paso, que no solo potencian nuestro ataque si no que podemos elegir el momento de activación haciendo que nuestros propios patrones de ataque sean distintos de un intento a otro dependiendo el lugar en los que los equipemos. Gracias a esta aleatoriedad no solo hace que cada vuelta sea algo distinta, sino que hace que la asimetría en los personajes se vea mucho más aumentada.
Por ejemplo, el rogué es el más rápido de todos los personajes iniciales pero el corto alcance de sus ataques nos hace tener que pegarnos más al enemigo que por ejemplo el mago, esto es una clara desventaja ya que debido a la cantidad de enemigos en pantalla mantener las distancias es algo bastante recomendable. Sin embargo, con cada potenciador que vamos comprando, y que se va activando de manera secuencial sumándose a los anteriores, va haciendo que esa desventaja se vaya compensando, de este modo el personaje gana muchos enteros gracias a su velocidad de ataque y movimiento. De igual manera pasa con el mago cuyo ataque es el que mayor rango tiene pero su fuerza o con el Barbaro cuyo ataque es el más potente pero es lento hasta la extenuación y con el resto de personajes que van incrementando el rooster a cada run que hacemos.

Así que todo lo que nos parece raro en unas primeras partidas va conformando un producto con una jugabilidad ultra rocosa que unida al tremendo caos de enemigos y disparos se convierte en una delicatessen jugona. Las partidas se van amontonando una sobre otra a una velocidad pasmosa, mientras vamos descubriendo nuevos personajes que desbloquean nuevas formas de hacer frente a los niveles de los que consta cada run de Dark Scrolls. Esto hace que los apenas 4 niveles, 8 si contamos los dos recorridos más un nivel adicional, se multipliquen ofreciendo bastantes horas de duración. A esto hay que sumarle un modo cooperativo que sin duda añadirá nuevas horas a la partida.
Dark Scrolls no es un juego que te exija mucho como jugador, pero si lo suficiente como para mantenerte enganchado durante un par de decenas de horas. Es un juego diseñado para jugarlo a ratitos cortos, un juego del tipo “me hecho una partidita y a la cama” o “al curro”, sus mecánicas justifican el jugar 20 minutos y luego sigo, esto en Deck ha hecho que fuera el juego que estaba siempre en ejecución. Un juego sencillo en planteamiento, pero profundo en su desarrollo. Un nuevo experimento de Doinksoft, que como pasa con todos sus juegos, les sale bien. Una oda a los grandes arcades y plataformas de los años 80 y 90 y a su vez, y aunque parezca contradictorio, un soplo de aire fresco al catálogo de este tipo de juegos.
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