
Mafia: The Old Country. Análisis
27 agosto, 2025Hace la friolera de, ni más ni menos, 23 años, la primera entrega de Mafia, The City of Lost Heaven, debutaba en consolas de 128 bits en plena edad dorada de los juegos de mundo abierto, tras la gran irrupción de Grand Theft Auto III (2001), que había llegado para marcar un antes y un después en la historia del videojuego. En lugar de un sandbox caótico, Mafia ofrecía una experiencia más realista, lineal y cinematográfica, con un guion cuidado y un tono cercano al cine clásico de gánsteres como El Padrino o Uno de los nuestros. El juego fue muy bien recibido por la crítica y el público, convirtiéndose en título de culto. Su narrativa madura y su ambientación de los años 30 lo diferenciaron de GTA y cimentaron la personalidad propia de la saga.
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En 2010 vería la luz Mafia II, un juego que crecía respetando los valores del primero, pero mejorándolo en casi todos los sentidos. La última entrega llegaría seis años después, respetando la vertiente narrativa pero perdiéndose en la experiencia de mundo abierto típica del momento, lo que casi echaba por tierra el buen trabajo en el resto de apartados, haciendo el juego monótono y repetitivo, especialmente en sus misiones secundarias. Los dos primeros juegos recibieron un remake y un remaster respectivamente en 2020, con gran acogida especialmente por parte de la prensa especializada. Lo que hoy tenemos entre manos es la nueva entrega principal de la saga, en forma de precuela, y seguramente por este motivo haya preferido no ser numerada. ¿Está a la altura de la franquicia? Seguid leyendo.

Tan cliché como necesario, el amor prohibido.
Mafia: The Old Country nos sitúa en San Celeste y sus alrededores, una ciudad inspirada en la Sicilia de principios del siglo XX, en una época marcada por la pobreza rural, la emigración masiva y el auge de las primeras organizaciones criminales que luego darían forma a la mafia moderna. La narrativa se articula en episodios lineales, casi como capítulos de una serie, alternando escenas íntimas y dramáticas con secuencias de acción. Más que una aventura de gánsteres en expansión, es un relato de orígenes, donde se nos muestra cómo la mafia surge como respuesta a la miseria y al vacío de poder, y cómo el protagonista queda atrapado entre la tradición familiar y la lógica implacable del crimen organizado.

Lo que no terminen las pistolas, lo terminarán espectaculares y divertidos enfrentamientos de navajas
Encarnamos a Enzo Favara, un joven siciliano que, tras una infancia marcada por el trabajo en las minas de azufre, se ve involucrado en el mundo de la mafia bajo el liderazgo de Don Torrisi. Su historia es la de un ascenso dentro de la organización, marcada por códigos de honor, lealtades frágiles y violencia ritualizada. El relato lo sigue desde los estratos más bajos hasta las entrañas de la cosa nostra, explorando tanto la vida cotidiana en los pueblos como el lado oscuro de las alianzas criminales.
La trama se presenta como un cliché desde el principio, y no rehuye de ello. Sí, ya hemos visto el papel del niño acogido por la mafia antes; sí, ya se nos ha contado la historia de amor prohibido con la hija del capo en otros productos; y sí, también conocíamos el clásico ascenso desde los bajos fondos hasta el liderazgo del sindicato. Todo esto lo hemos visto en cientos de películas desde que el cine es cine. Pero esta precuela ofrece una narrativa tan pulida, tan atenta al detalle, tan viva y sobre todo tan bien integrada en la jugabilidad que se convierte en la principal baza para hacer del juego una de las grandes experiencias narrativas de los últimos años.

Montar a caballo será uno de los placeres que nos otorgará esta aventura. ¡También habrá carreras!
The Old Country presenta un entorno abierto que se puede explorar, y en el que uno puede darse el gustazo de desviarse del recorrido principal para perderse en la maravillosa representación audiovisual de la reimaginación de Sicilia. Sin embargo, su cometido es claro: vivir una aventura totalmente lineal que acompaña a Enzo en su ascenso, de simple “Caruso” a hombre de confianza de Don Torrisi, enfrentándose a las tiranteces con otras familias que intentan crecer en el vacío de poder siciliano, especialmente los Spadaro.
El elenco de secundarios brilla gracias a una construcción de personajes escrita con gran inteligencia, todos al servicio de la historia y de sus interacciones con Enzo, sin caer nunca en la grandilocuencia o la pretenciosidad de otros productos. Es una historia bella pero cruda, que no busca la reflexión profunda: lo que ves es lo que hay. Malos que son malos, y buenos que no lo son tanto. Luca, Toni, Don Torrisi, Isabella o el carismático Cessare harán que sintamos a la familia más allá de la pantalla, creando un vínculo emocional que hace que de verdad nos importe lo que les ocurra.

Tendremos un extenso armario del que hacer gala. También podremos cambiar nuestro look facial, pelo, etc.
La dirección artística es, sin duda, el otro gran punto fuerte del juego. Los campos de olivos, las aldeas polvorientas y las iglesias barrocas transmiten un sentido del lugar pocas veces visto en un videojuego. Aquí no hay rascacielos ni coches de lujo: la mafia se presenta en su contexto más crudo, marcado por la pobreza y la tradición. El uso de Unreal Engine 5 aporta un acabado casi cinematográfico, con juegos de luces y animaciones faciales que multiplican la inmersión. En lo técnico, el rendimiento general no es tan sólido como debería. El 90% del tiempo tendremos una experiencia audiovisual increíble; sin embargo, no está exento de los problemas comúnmente asociados al motor Unreal Engine 5. En su versión de Series X —la que hemos usado para analizar el juego— aparecen ralentizaciones en determinados puntos y una evidente carga tardía de texturas en las cinemáticas construidas con el propio motor. Nada que arruine la experiencia, pero sí recordatorios de que estamos ante un juego que se sitúa más en la categoría “doble A” que en la de superproducción.

Habrá que andarse con cuidado, puede haber francotiradores apostados en las alturas
La jugabilidad, en cambio, es lo que más divide. El combate con cuchillo es visceral y satisfactorio, con un toque brutal que deja huella; los tiroteos cumplen sin destacar, pero tampoco restan. Además podremos comprar o saquear diferentes armas de fuego, cada una con características bien diferenciadas que se sienten en el gunplay. Los cuchillos, por su parte, cuentan ahora con atributos especiales más allá del daño, como durabilidad o recompensas adicionales.
El principal problema está en el sigilo, la mecánica más arcaica, que acusa su sencillez y la falta de una IA enemiga convincente. Jugablemente, Mafia podría haber sido más ambicioso, pero sería injusto decir que no cumple. Sus limitaciones pueden considerarse anecdóticas si tenemos en cuenta que, en su búsqueda de sencillez, ha optado por mecánicas conservadoras. No busca innovar, sino ofrecer un envoltorio familiar que no distraiga de la historia. El juego se complementa con viajes y carreras a caballo, en coche e incluso en bólidos de época. Aportan variedad y ofrecen mecánicas divertidas que, en ningún caso, se sienten artificiales o forzadas. Como todo en este título, están al servicio de la narrativa.

Coches y carreras en Sicilia. ¡Todo un gustazo!
Quizá la mayor virtud de Mafia: The Old Country sea su coherencia. Es un juego que sabe exactamente lo que quiere contar: no pretende reinventar el género ni abrir su mundo de forma artificial. Prefiere ser un relato cerrado, un homenaje a la cosa nostra en su tierra natal. Y lo consigue.

Las cinemáticas llegarán a ser tan intimidantes como la propia amenaza de la Mafia
Si en el apartado visual el juego es una delicia, no podemos decir menos del sonoro. La banda sonora es un auténtico regalo con temas evocadores a la época y al entorno. Son piezas que nos recordarán al cine clásico de género mafioso y a su Italia natal. Musica orquestal con instrumentos clásicos sicilianos al servicio de la historia que resalta el el acabado fílmico y que nos dice mucho y bueno de su compositor Bryan Transeau.
El juego además aporta un excelente doblaje tanto en inglés como en castellano, dignos de la mejor experiencia cinematográfica, aunque, sin duda, la mejor inmersión se consigue jugando en italiano. Todo un valor añadido.
Mafia: The Old Country es un viaje a las raíces de la mafia que seduce por su ambientación y narrativa cinematográfica. Puede que sus mecánicas sean conservadoras y su mundo carezca de profundidad jugable, pero como relato audiovisual es una experiencia que merece la pena. No es el regreso triunfal de la saga, pero sí un capítulo digno y sólido que sabe a buen cine de mafiosos jugado con mando en mano.
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