Aprovechando la salida de Lord of Hatred, que por cierto anda que no mola más su traducción como «Señor del Odio» que el titulo original, me he dado cuenta de lo absurdamente fácil que es recaer de nuevo Diablo IV. Y he escogido tremendamente bien la palabra «recaer» para expresar que estoy jugando de nuevo al titulo de Blizzard. Y es que los títulos de esta saga, sobre todo los dos últimos, son juegos pensados para ser fáciles de volver a caer. Mecánicas sencillas, un layout de misiones claro en exceso y un control y asignación de botones que tu memoria muscular tarda un par de horas en interiorizar y unos segundos en recordar. Como digo, todo esta pensado para que, aunque perdido de nuevo en las profundidades de un pozo de horas imposible de salir. Es el equivalente videojueguil a ese temido cigarro en una celebración que nos reengancha al «vicio» a los fumadores, así de bien hecho esta Diablo IV. Y no voy a entrar ahora a desgranar las virtudes de Diablo IV porque ya me encargue de eso en su review, donde no me tembló el pulso para ponerle un 9.9 (ahora que lo pienso me quedé corto). Si no que hoy toca hablar de lo que te vas a encontrar en su ultima expansión Lord of Hatred.
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Teniendo ya claro todas las bondades del juego base, y que como no es de otra forma, continúan intactas en esta expansión, vamos a centrarnos en lo nuevo, empezando por la historia. Lord of Hatred continua con la historia a partir de lo que pudimos ver en Vessel of Hatred. Mefisto es la gran amenaza a la que se enfrenta Santuario y para poner freno al avance de su corrupción demoniaca tendremos que viajar hasta las islas de Skovos. Es aqui, en estas islas, es donde se encuentran los estanques de la creación, lugar desde el que Lilith e Inarius comenzaron el sueño de Santuario y es el epicentro mismo del origen de la vida en este mundo. En esta gran región vamos a conocer a las Askari, unas orgullosas amazonas gobernadas, a partes iguales, entre la reina Adriana y su Oráculo. Estas valientes guerreras serán las protagonistas principales de una trama que pone broche final al argumento central de Diablo IV. Un argumento que, como viene siendo habitual en la saga, viene bien cargado de momentos memorables, grandes cinemáticas y acción. Pero además además, a la que te de por rasgar la superficie, expone temas tan interesantes como el uso de la fe como arma, la manipulación ideológica como herramienta de control social, la importancia del legado o la dualidad de creación y corrupción. Esta expansión trae el guion más oscuro y mejor trabajado de todo lo que hemos visto en Diablo IV y en el que más similitudes con nuestro mundo podemos encontrar.
Estas nuevas islas son la cuna de la civilización de Santuario y son un reflejo, deformado y oscuro, de lo que fue la cuna de nuestra sociedad actual, Grecia. Así que preparaos para explorar unos parajes donde grandes y ostentosas ciudades se salpican por antiguas ruinas, templos derruidos, grandes estatuas… vestigios que dan pistas de que antaño esas islas fueron no solo fueron el lugar desde el que la civilización se abrió paso hacía el resto de territorios de Santuario, si no que estas islas fueron por mucho tiempo un lugar rico tanto en lo cultural como en lo económico. Pero por supuesto estamos en Diablo IV así que todas estos parajes están pasados por ese filtro oscuro y dramático tan común en su diseño artístico.

Pero por muy buena que sea la campaña, que por cierto en 9-10 horas estaría terminada, lo realmente fundamental en las expansiones de esta saga es el contenido adicional que traen con ellas. Lord of Hatred llega con nuevas misiones secundarias que profundizan en el lore del juego y la expansión, nuevos fuertes, nuevos desafíos, nuevos eventos, fosos, hordas, los planes de guerra, la pesca y un buen montón de contenido que agrandan, si es que eso era aún posible, el infinito end-game de Diablo IV. Pero sin lugar a duda el añadido más deseado de esta, y de todas, expansión son las nuevos clases que se añaden. El Paladín y el Brujo son las nuevas incorporaciones al plantel de personajes del juego. Los dos personajes bastante son bastante distintos entre sí, por un lado el Paladín es una autentica bestia en el cuerpo a cuerpo, enfocado a tanquear y ser el personaje que va aguantar envites de los enemigos y por el otro tenemos al Brujo que claramente esta enfocado al control de areas gracias a sus transformaciones y ataques zonales. Y aunque tienen enfoques bastante bien definidos gracias a sus nuevos arboles de habilidades ambos personajes se pueden ser bastante polivalentes.
Lord of Hatred pone fin a la mejor historia que nos han dentro de la saga Diablo. Este ultimo arco argumental es la guinda del pastel que los jugadores estábamos esperando y cierra un ciclo, el de Mefisto, que recordaremos durante mucho tiempo. Por otro lado esta expansión, aparte de todos los eventos postgame, suma dos nuevas clases muy potentes y muy divertidas de jugar que sin duda son el verdadero motivo por el que continuaremos jugando a Diablo IV durante otros cientos de horas más.
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