Momia a la fuerza
Al ver el título de esta película me surgieron dos preguntas: Quién es Lee Cronin, y ¿hace falta otra película sobre una momia? Google me dio respuesta inmediata a la primera de ellas, y nada más ver que fue el director de Evil Dead Rise encontré explicación al hecho de encontrar parecidos entre ambas. Y momias no sé si necesitamos, pero siempre hay sitio para una nueva película de terror, aunque sea un refrito de los tópicos del género, si consigue entretener. Más allá del gore, las películas de miedo buscan monstruos que apelen a nuestro subconsciente. Los sueños de la razón producen monstruos, decía Goya. Y esto es lo que nos propone esta película, aparcar la razón por un rato y dejar que los monstruos apelen a nuestro inconsciente.
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Como ya he comentado antes, esta obra de Lee tiene ecos de su cinta anterior, pero si tuviera que decir cuál es la fuente principal de su inspiración, elegiría El exorcista. En ambos casos nos encontramos con una presencia demoníaca de existencia muy anterior a Cristo y originaria de oriente medio. Pazuzu fue el que hizo la vida imposible al padre Carras, y en este caso tenemos a Nazmaranian, proveniente de Egipto, que puede sonar a nazareno pero no tiene nada que ver con santos ni cofrades, ni con nada realmente, pues es un nombre inventado ad hoc para esta ficción. Tras un paseo inicial por El Cairo, la acción se sitúa principalmente en Nueva York, donde reside la familia protagonista, y prácticamente toda la trama se desarrolla en su idílica casa, que poco a poco se transforma en un lugar claustrofóbico donde echa raíces la semilla del mal.
Son actores sin mucho renombre pero que desempeñan su papel de manera creíble y consistente, apoyados por una puesta en escena opresiva que te ayuda a empatizar con los personajes. La banda sonora de Stephen Mkeon, quien también trabajó con Cronin en sus trabajos anteriores, contribuye a crear una atmósfera oscura y progresivamente más agobiante. Del suspense que domina la primera parte de la película pasamos a un terror cada vez más explícito, y con un componente gore que también se hace cada vez más patente, llegando a recordar en las últimas escenas a alguna de las primeras películas de Sam Raimi.
Se trata, en resumen, de una historia que vista en innumerables ocasiones, ya sea con momias, zombies, víctimas de un virus terrible o almas poseídas por el mismísimo diablo, pero no por ello deja de resultar entretenida, agobiante, en algunos momentos sorprendente, en otros divertida, y en suma, el vehículo idóneo para pasar un buen (o mal) rato, que al fin de cuentas es para lo que vamos al cine.
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