Hay pocas franquicias dentro del mundo del PC que tengan el peso histórico de Warcraft. Antes de convertirse en uno de los MMORPG más populares de todos los tiempos con World of Warcraft, la saga de Blizzard construyó buena parte de su prestigio con una estrategia en tiempo real que terminó convirtiéndose en referencia para todo un género. Warcraft III: Reign of Chaos y su posterior expansión The Frozen Throne marcaron una época gracias a una combinación especialmente acertada de gestión de recursos, construcción de bases, control de ejércitos y héroes con habilidades propias. Una fórmula que, además, influyó directamente en el nacimiento de los MOBA gracias a su mod DOTA.
Por eso resulta particularmente llamativo encontrarnos, 24 años después del lanzamiento del Warcraft III original, con una nueva expansión. Y más todavía cuando no hablamos exactamente de una expansión convencional, sino de un contenido creado para Warcraft III Reforged, la controvertida remasterización publicada por Blizzard en 2020. Reino Olvidado es, por tanto, un producto difícil de encajar dentro de las categorías habituales: es una expansión de un juego clásico que, a su vez, es una remasterización de otro juego todavía más clásico.
Hemos probado Warcraft III Reforged: Reino Olvidado en PC a través de Battle.net, y lo primero que llama la atención es que Blizzard ha decidido tomar un camino bastante diferente al de las campañas originales. Quienes esperen encontrarse con nuevas misiones que reproduzcan exactamente la estructura de Reign of Chaos o The Frozen Throne tendrán que cambiar el chip. Reino Olvidado apuesta decididamente por el control directo de héroes, el dungeon crawling, el equipamiento y elementos propios de los action RPG, dejando la estrategia en tiempo real tradicional en un segundo plano.
La propuesta recuerda en determinados momentos a títulos como Diablo, por su exploración y progresión basada en equipo, y también a los primeros pasos del género MOBA, especialmente por la importancia concedida a héroes individuales con habilidades propias. Al mismo tiempo, conserva suficientes elementos de Warcraft III como para que siga resultando reconocible.
Y aquí aparece una de las grandes paradojas de esta expansión: después del desastroso lanzamiento de Reforged, Blizzard consigue ofrecer en Reino Olvidado una experiencia bastante más cuidada y un apartado visual que, ahora sí, entiende qué hacía especial al Warcraft III original. El problema es que algunas decisiones vuelven a resultar difíciles de comprender.
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La historia de Reino Olvidado se divide en dos grandes bloques narrativos que, en conjunto, ofrecen una campaña que puede acercarse a las 30 horas dependiendo del ritmo del jugador, aunque nuestra experiencia sitúa su duración real más cerca de las 15-20 horas. Es una campaña extensa para los estándares actuales y, sobre todo, bastante variada, algo especialmente importante teniendo en cuenta que buena parte de su atractivo reside precisamente en descubrir cómo se desarrollan acontecimientos que los seguidores de Warcraft conocen desde hace décadas.
El primer bloque funciona como prólogo y está centrado en el ocaso de Lordaeron. La gran diferencia respecto a la historia que ya conocíamos está en el punto de vista escogido. En lugar de contemplar la caída del reino únicamente desde la perspectiva de sus grandes protagonistas, Reino Olvidado nos coloca junto a ciudadanos y soldados comunes que tienen que enfrentarse al derrumbe de su hogar.
El protagonista de esta parte es Garek, un soldado que vive en primera persona el regreso de Arthas y las consecuencias que este tiene para Lordaeron. La Purga de Stratholme, la caída del reino y la lucha de los Caballeros de la Mano de Plata adquieren así una dimensión diferente. El jugador no observa la historia desde la distancia: forma parte de una población que intenta sobrevivir mientras las estructuras que conocía se desmoronan. El Barón Osahendido ejerce como principal antagonista de esta primera parte.
La segunda mitad de la aventura cambia radicalmente de perspectiva y acompaña a Sylvanas Brisaveloz en los primeros pasos de los Renegados. La campaña muestra cómo este grupo intenta encontrar un lugar propio mientras debe enfrentarse tanto a los restos de la Plaga de los no-muertos como a la fanática Cruzada Escarlata.
La presencia de Sylvanas sirve además como punto de conexión entre Warcraft III y World of Warcraft. Reino Olvidado funciona prácticamente como una pieza perdida del puzle que explica cómo se configura el escenario que los jugadores encontrarán posteriormente en el MMORPG de Blizzard, especialmente en torno a Entrañas y los Renegados.
La historia está repleta de referencias y guiños destinados a los seguidores veteranos, pero no depende exclusivamente de ellos para funcionar. Hay sorpresas, misiones alternativas y personajes nuevos que aportan suficiente material como para que la campaña no se limite a ser una simple reconstrucción de acontecimientos ya conocidos. Quizá su mayor virtud sea precisamente esa capacidad para ampliar un capítulo conocido de la historia de Warcraft sin limitarse a repetirlo.
La mayor particularidad de Reino Olvidado se encuentra en su planteamiento jugable. Si llegamos esperando una expansión tradicional de Warcraft III, probablemente nos llevemos una sorpresa. La gestión de recursos, la construcción de bases y el control de grandes ejércitos prácticamente desaparecen de la ecuación. En su lugar, Blizzard apuesta por una experiencia mucho más cercana al action RPG y al dungeon crawler.
El protagonismo recae directamente sobre los héroes. En lugar de construir una economía, levantar edificios y producir unidades para crear un ejército, nuestra principal preocupación consiste en controlar al personaje, enfrentarnos a enemigos, explorar escenarios, completar objetivos y mejorar progresivamente nuestro equipamiento.
Hay combates en los que debemos aprovechar las habilidades de nuestros personajes, administrar correctamente sus capacidades y enfrentarnos a grupos de enemigos cada vez más numerosos. También encontramos elementos de progresión propios de los juegos de rol, como nuevo equipamiento y mejoras para los protagonistas. Incluso aparecen pequeños árboles de progresión que permiten personalizar parcialmente nuestra forma de afrontar los enfrentamientos.
La exploración tiene igualmente un peso considerable. Muchos escenarios invitan a desviarse del camino principal para descubrir zonas secundarias, enfrentarse a enemigos adicionales o encontrar recompensas. Esto ayuda a que la campaña tenga un ritmo bastante más variado de lo que podría parecer inicialmente.
La estrategia en tiempo real tradicional no desaparece por completo, pero su presencia es testimonial. Hay momentos en los que aparecen elementos propios del género, aunque no llegan a convertirse en el eje de la experiencia. Es una decisión que puede generar cierta controversia: Reino Olvidado utiliza el universo y buena parte de la identidad de Warcraft III, pero no pretende ser realmente una nueva campaña de estrategia al uso.
En este sentido, la expansión recuerda más a una suerte de mezcla entre action RPG, MOBA y dungeon crawler que a un RTS clásico. Es una apuesta arriesgada, pero funciona razonablemente bien porque la campaña está diseñada alrededor de esta idea desde el principio. Los combates son variados, existen suficientes objetivos secundarios para evitar la sensación de avanzar por un pasillo y la progresión de los personajes proporciona una motivación constante para continuar.
El resultado es una experiencia bastante más accesible que el Warcraft III tradicional, pero también menos profunda desde el punto de vista estratégico. Quien busque gestionar ejércitos y construir bases encontrará poco de eso aquí. Quien esté dispuesto a aceptar una reinterpretación de Warcraft III centrada en sus héroes al estilo Diablo encontrará una campaña sólida y entretenida.
El apartado gráfico es probablemente el más interesante de Reino Olvidado. Después de la polémica que rodeó a Warcraft III Reforged, Blizzard tenía una cuenta pendiente especialmente importante con el apartado visual. El lanzamiento de Reforged no solo incumplió muchas de las expectativas generadas durante su desarrollo, sino que su reinterpretación artística provocó que numerosos aficionados considerasen que se había perdido parte de la identidad visual del Warcraft III original.
Reino Olvidado introduce un nuevo modo gráfico denominado Definitive Edition que supone, esta vez sí, una actualización visual capaz de mantener el espíritu del clásico. Los escenarios, personajes y elementos del mundo reciben un tratamiento de alta definición que resulta mucho más coherente con el diseño original. No parece un intento de sustituir la estética de Warcraft III por otra completamente diferente, sino una evolución que conserva sus señas de identidad.
El resultado es, sencillamente, el Warcraft III que muchos jugadores esperaban encontrar en 2020. El problema es que Blizzard ha decidido limitar este nuevo modo gráfico a Reino Olvidado. Las campañas originales de Reign of Chaos y The Frozen Throne siguen sin beneficiarse de él, obligándonos a elegir entre los gráficos originales o el controvertido aspecto de Reforged. Resulta difícil entender una decisión semejante, especialmente porque demuestra que existe una solución visual capaz de reconciliar ambas sensibilidades.
En el apartado sonoro encontramos otra decisión cuestionable. Reino Olvidado llega con voces en inglés y subtítulos en español, mientras que el resto de Warcraft III Reforged cuenta con doblaje al castellano. No supone un problema grave para comprender la historia, pero sí rompe la continuidad con el resto de la experiencia y resulta especialmente llamativo en un producto perteneciente a una saga con una localización española tradicionalmente muy cuidada.
En cuanto al rendimiento, nuestra experiencia en PC a través de Battle.net ha sido satisfactoria. El juego ofrece un rendimiento adecuado y el nuevo acabado gráfico no supone, en términos generales, un obstáculo para disfrutar de la aventura en equipos actuales. Aun así, el principal problema técnico de Reino Olvidado no se encuentra tanto en su rendimiento como en la propia integración con Reforged. El juego sigue arrastrando parte de la herencia de aquella remasterización y la coexistencia de diferentes modos gráficos termina transmitiendo una sensación de producto incompleto.
En conclusión, Reino Olvidado supone un paso en la dirección correcta después del accidentado camino recorrido por Warcraft III Reforged. Blizzard ofrece una campaña competente, extensa, variada y repleta de referencias para los seguidores de la saga, acompañada además de un nuevo modo gráfico que demuestra que era perfectamente posible actualizar Warcraft III sin eliminar su personalidad. Sin embargo, su apuesta por el action RPG y el dungeon crawler hace que la estrategia clásica sea prácticamente testimonial, mientras que la ausencia de doblaje al castellano y, especialmente, la inexplicable exclusividad de Definitive Edition para esta expansión vuelven a dejar una sensación agridulce. No estamos ante la redención completa de Reforged, pero sí ante una expansión que consigue recuperar parte de la confianza perdida.
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