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Análisis 80’s Overdrive

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Cómo nos gustaba a todos los que pisamos los recreativos allá por los principios y mediados de los 90 aquel juego de ir a toda hostia con tu rubia en un Ferrari. La playa al fondo, AOR en la radio, y el viento dándote en la cara mientras conduces con la izquierda y con la derecha le pasas la mano por encima del hombro. Esos eran los buenos tiempos. Los tiempos en los que los arcades eran fantasías escapistas de cielos azules. Los tiempos en lo que todo era mucho más sencillo. Qué bueno, que bonito y que todo era OutRun.

Hablaba en el anterior párrafo de la sencillez inherente a los arcades de la época, y la verdad es que se agradece de vez en cuando alejarse de complejos sistemas de combate, enemigos con patrones indescifrables, y menús interminables para retomar la inmediatez de la que nos hemos ido alejando cada vez más. 80’s Overdrive busca, sin ningún género de dudas, mezclar las sensaciones jugables puras que nos regalaba el título de SEGA pero añadiéndole un buen puñado de parafernalia customizable y un modo carrera bastante largo y desafiante más propio de los juegos de hoy día. Y lo cierto es que consigue algo que parece complicado, que es añadir algo de complejidad sin aguar el vino.

Olvídate de complicadas jugabilidades. Acelerar y frenar, esa es la mecánica de 80’s Overdrive.

Comenzando el modo carrera con una sencilla personalización del perfil y eligiendo nuestro buga, el título que hoy nos ocupa nos lanza a un modo carrera en el que el mapa nos muestra al principio unos pocos circuitos, tramos en este caso, disponibles y que debemos superar aunque no sea en primer lugar para ir desbloqueando nuevas pistas en las que quemar goma con nuestro bólido. Al final de cada carrera iremos ganando dinero que podremos invertir en mejorar el coche, aumentando sus capacidades o añadiéndole nuevas prestaciones y algo que probablemente no tengamos en cuenta hasta que nos quedemos tirados, llenando el depósito. 

Comprar y mejorar nuestro coche será la clave para llegar a lo más alto en este nostálgico juego.

Las carreras tienen un desarrollo bastante clásico, en el más amplio sentido de la palabra, con escenarios que realmente podrían parecer movidos por una MegaDrive si no fuera por la resolución, y en el que los únicos obstáculos que nos separan del ansiado primer puesto del podio son otros vehículos. Los participantes de la carrera harán lo posible, obviamente, para que no les adelantemos. Pero es que los pobres domingueros que iban a echar el finde a Guardamar y que sin comerlo ni beberlo se ven envueltos en nuestras carreras ilegales TAMBIÉN van a hacer todo lo posible porque nos choquemos, nos salgamos de la carrera y nos desesperemos porque a santo de qué ese seiscientos se cambia de carril si no está adelantando a nadie. Es una pena que la policía esté demasiado concentrada en pillarnos a nosotros. Tanto que es probable que según vaya aumentando la dificultad de las carreras, acabemos con mayor frecuencia en manos de la pasma y pagando la multa correspondiente.

Correr, ganar, mejorar, desbloquear.

Al final todo se resume a un adictivo loop de ganar dinero, mejorar nuestro coche o comprar otro, y repetir aquellas carreras en las que no hayamos quedado primeros seguir alimentando la rueda del capitalismo y hacernos con el primer puesto en la clasificación. Y cuando hayamos reventado el podio, podemos dedicarle tanto tiempo como queramos al completísimo editor de circuitos que una vez listos podremos compartir con nuestros colegas. Y esto es genial.

Cada partida es rápida, los tiempos de carga son cortísimos, las carreras pasan en un suspiro y como guinda al pastel, podremos elegir qué musicón llevamos en nuestra radio para atronar al resto de usuarios de la vía mediante un menú maravilloso que simula nuestro peludo brazo girando el dial de nuestra radio. Y si nos cansamos de ese temazo, siempre podemos pasar a siguientes pistas con una simple pulsación, para así disfrutar de más canciones ochenteras petadas de sintetizadores. 

Su ambientación y estilo gráfico parecen sacados directamente del famoso juego de carreras de SEGA.

80’s Overdrive es sin duda un retorno a los arcade del siglo pasado en todos sus aspectos, y aunque puede resultar repetitivo en sesiones largas, lo cierto es que me es muy difícil enfadarme con un juego al que siempre se puede echar una partida más, al que seguramente voy a acudir cuanto tenga diez minutos libres, y sin duda va a permanecer mucho tiempo instalado en mi Switch Lite. 

 

 

 

 

8.8

Historia

8.0/10

Jugabilidad

9.0/10

Diseño Artístico

9.0/10

Diseño de Sonido

9.0/10

A Favor

  • Excelente apartado gráfico y sonoro reminiscente de los clásicos de 16 bits
  • Enormemente adictivo
  • Genial para unas partidas rápidas
  • Editor de circuitos que alarga considerablemente la vida del juego

En Contra

  • Se puede hacer repetitivo en sesiones largas
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