La gracia de los reyes, de Ken Liu | Videojuegos,Análisis,Noticias

La gracia de los reyes, de Ken Liu

Ken Liu es mundialmente reconocido por sus relatos reves y sus novelas cortas. Muchas de ellas le han valido varios premios Hugo, Nébula y el World Fantasy: quizás «El zoo de papel» sea la obra más clara y aclamada del autor de origen chino, pero afincado en Boston, Massachsetts. Su imaginación desbordante y su prosa precisa le han valido un sello propio que hace que cualquiera de sus textos sea fácilmente reconocible y altamente disfrutable. Con estas premisa, era difícil poder resisitrse a su salto a la novela con La gracia de los reyes, el primer volumen de sus saga La dinastía del diente de león. Y una cosa os puedo asegurar, no es nadade lo que os pudiérais imaginar. ¿Eso es bueno? Oh, sí. Ya lo creo que sí.

Dara, el universo fantástico en el que se emplaza esta saga y que nos remite a la imaginería oriental, se consituye como un país con siete reinos independientes en el que todos han de respetar la soberanía de cada uno de los reinos. No obstante, este ciclo se rompre cuando Mapidéré, del castigado reino de Xana, decide alcanzar su propósito: alzarse como emperador de toda Dara con el noble propósito de acabar con todos los conflictos y con las armas. No obstante, su exitosa escalada hasta el trono de emperador va a estar bañada en sangre y crueldad, con un sistema tiránico que sumirá Dara en una época oscura y terrible. Mata Zyndu, único superviviente de su familia, brutalmente asesinada por órdenes de Mapidéré, y Kuni Garu, un joven de familia con escasos recursos al que su inteligencia le granjeará grandes problemas y éxitos; ambos serán la chispa que encienda la rebelión contra un estado totalitario que amenaza con destruir el orden natural de Dara y las libertades de sus habitantes.

Leyendo el planteamiento, cualquiera podría decir que no es, precisamente, original ni revolucionario. Y tendría razón, pero es que la fuerza de esta novela no nace del planteamiento, algo manido, es cierto, sino del desarrollo de sus personajes, de la absoluta seguridad que tiene Ken Liu en que es más importante desarrollar a sus personajes con solidez que tratar de acelerar la trama para atraparnos irremediablemente en esa espiral de rebelión y venganza. Ken Lliu no tiene miedo en detener la trama para hablar de sus personajes, en hacer avanzar con calma su historia para afianzar el universo de Dara, que veremos crecer en la trama, que veremos cambiar. Su gran valor y su gran apuesta, entre otras, es saber detenerse y desarrollar poco a poco sus ideas y personajes, con gran solvencia narrativa y un apurado estilo que solventa fácilmente y con agilidad estas paradas en el camino. Un camino que no sabemos hacia dónde nos llevará, pero que paso a paso no vamos a querer dejar de mirar hacia delante, hacia lo que ha de venir. Y os aseguro que muchas de las decisiones y consecuencias de los actos de nuestros protagonistas van a ser duras y crueles: ni blanco ni negro, los grises son los colores predominantes en cuanto a la moralidad y la ética.

Pero no solo de la construcción de personajes se nutre esta obra: también hace gala de una recreación de Dara y de su mitología realmente rica. Afianzado en la mitología oriental, en concreto en la China, Ken Liu sabe traer un soplo de aire fresco al hablarnos de sus dioses y de las tradiciones y la historia de Dara: los dioses también participarán de estas lides humanas, pues ellos mismos tienen batallas y disputas que resolver.  Por su parte, para la recreación de Dara, como en su mitología, Ken Liu se ha basado en la China Imperial (no olvidemos que, pese a vivir en Estados Unidos, tiene raíces chinas) y, sin duda, ha sabido rediseñarla y modernizarla con ciertos toques futuristas para darle un sello personal que, personalmente, me funciona perfectamente.

Así pues, para todos aquellos amantes de las fantasías épicas ancladas en sus personajes, con decisiones morales duras y consecuencias que se escapan a nuestra previsión, Ken Liu ha creado una saga que va a hacer las delicias de muchos lectores: gracias a su prosa depurada, fruto de sus años de escritura de relatos breves, el autor es capaz de dibujar en cada una de sus páginas paisajes reales y morales realmente apasionantes. Sin duda, una cita ineludible.

 

 

 

 

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