Yuko, de Ryoichi Ikegami

Yuko, de Ryoichi Ikegami

13 mayo, 2021 0 Por Alberto Martin

Hace muy poquitas semanas publicábamos en esta casa la reseña del genial Eroguro. Horror y erotismo en la cultura popular japonesa y os hablaba de esos límites que se tensan en dicho movimiento: el erotismo, el horror y lo grotesco. Pues bien, hace muy poquitos días, Satori Ediciones publicó el primero de los dos volúmenes que nos han de traer traen una selección de la obra de Ryoichi Ikegami (muy posiblmente os suene su nombre por Crying Freeman, donde colaboró con el celebérrimo Kazuo Koike), un autor que se acerca mucho a ciertos temas propios del eroguro. Así, Yuko (y posteriormente Oen) vienen a suplir un gran hueco en las publicaciones de manga en el mercado español: un agujero especialmente negro, retorcido y sensual. Sí, algunos de sus doce relatos pertenecen, de manera más o menos directa, a este género y son una buena muestra de lo incómodo y excitante que puede ser su lectura.

Por sus cuentos corretean samuráis avocados a la tragedia, profesores atraídos por alumnas y alumnos atraídos por sus profesoras, voyeurs empedernidos y vengativos, amantes que llevan los juegos de asfixia hasta límites peligrosos, etc. Yuko es un compendio, una selección de que da buena cuenta del excelente trabajo de este genial mangaka, a veces más reconocido como ilustrador que trabaja bajo el guion de otros autores, pero que aquí recopila narraciones escritas con su pluma e ilustrada con su pincel. Y si debiera haber un núcleo desde el que partan esas dos historias, el del deseo y la obsesión es sin duda el más claro de todos ellos: todos sus personajes están atravesados por las flechas de la pasión más genuina y de la obsesión más malsana. De esta conjunción brota una belleza un tanto malsana, un tanto infecta, pero también un tanto excelsa, un tanto sublime: Ikegami es un maestro que se mueve en los límites del exceso generando en el lector una sensación de incómodo deleite, una culpabilidad que se diluye en los límites de la inmoralidad que sus relatos retratan, donde la corrupción y la inocencia se dan la mano para bailar un vals que hipnotiza. Y lo consigue, incluso, en textos ajenos a su escritura como son las tres adaptaciones incluidas de Akutagawa, Kan Kikuchi e Izumi Kyôka.

Ikegami es un maestro absoluto gracias no sólo por sus propuestas narrativas sino por su preciosismo estético: la sensualidad que desprenden sus cuerpos es absolutamente asombrosa, su carnalidad, su capacidad para erotizar cualquier parte del cuerpo. Sus trazos son de un virtuosismo difícil de superar: no sólo los cuerpos desnudos son objeto de su erotismo, sino que incluso vestidos desprenden una sensualidad única y que desborda los márgenes de las páginas. Su detallismo es increíble más allá de los cuerpos que dibuja, pues en más de una ocasión me he encontrado, durante minutos, observando una única viñeta donde se observa un paisaje urbano perfectamente detallado: edificios de oficinas con decenas de ventanas dibujadas perfectamente, árboles repletos de hoja, farolas, postes eléctricos, coches… Ikegami hace gala de una maravillosa capacidad para detallar todos los ambientes por los que se mueven sus víctimas.

Qué duda cabe de que la labor de Satori Ediciones, tanto en edición como en traducción y selección, están siendo acertadísimas: Yuko viene a confirmar, por no sé cuanta vez ya, que estamos siendo realmente afortunados de poder gozar de unas ediciones tan envidiables y de gran calidad. Para todos lo amantes del manga que se adentra en los más oscuros ambientes, en las pasiones bajas y las altas tragedias, que se regodea en un virtuosismo gráfico pocas veces alcanzado, que penetra en los cuerpos corrompidos de sus protagonistas y extrae la belleza de entre la más insana de las pasiones; en definitiva, para todos los que gozamos cuando se fuerzan los límites de lo representable, estamos de enhorabuena con Yuko. Así que siéntense, abran este libro y disfruten.