Análisis Diablo II Resurrected

Análisis Diablo II Resurrected

29 septiembre, 2021 0 Por Jaime Brotons
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“De los cielos lloverá fuego, y los mares se convertirán en sangre y toda la creación temblará ante el estandarte ardiente del Infierno.”

Cuando echo la vista atrás, recuerdo dos grandes épocas doradas en mi vida como jugador, una de ellas la de la generación de los 32 bits, y otra la de los cybersalones, donde conocí Diablo II, uno de los mejores juegos de la historia que (re)definió un género, uno de mis favoritos de hecho, y que me marcó muchísimo en su día. No obstante, asumo este retorno al infierno siendo consicente de lo que NO es, un remake. Diablo II: Resurrected es un lavado de cara, una remasterización, es el mismo juego de siempre pero con un maquillaje de primera división, un gran trabajo de Vicarious Visions, pero que acaba aquí, ya que todo lo demás, salvo algún detalle, es exactamente igual al Diablo II original, para bien y para mal, y esto creo que es conveniente comentarlo desde el principio.

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Como imagino que ya sabéis, estamos ante un dungeon crawler con vista isométrica, en el que iremos subiendo de nivel mejorando nuestras características, adquiriendo nuevas habilidades, y ganando cada vez mejor equipo para derrotar a hordas de demonios, y cómo no, a los jefazos a lo largo de cinco actos. Diablo II: Resurrected incluye todo el contenido de Diablo II y de la mítica expansión Diablo II: Lord of Destruction, por lo tanto desde el principio podremos elegir entre las 7 clases, a saber: Amazona, Asesina, Nigromante, Bárbaro, Paladín, Hechicera y Druida. Yo me he decantado por la Amazona, ya que en su día no llegué a jugar con ella, y en este tipo de juegos siempre me han gustado los arqueros, y esta además de ser experta en el uso de jabalinas y arcos, puede potenciar sus ataques a distancia con magias. Pues bien, una vez elegida mi protagonista, arranca de nuevo la aventura en la que perseguiremos al misterioso vagabundo oscuro, y lucharemos contra los moradores del infierno mientras investigamos el destino de los demonios mayores, Diablo, Mefisto y Baal. Y hablando de Baal, a lo que no jugué tanto fue a su expansión, y gracias a Diablo II: Resurrected he podido recordar lo que es recorrer esas cavernas heladas, tumbas espantosas repletas de muertos vivientes monstruosos y páramos glaciales hasta llegar a la cima del Monte Arreat para detener a Baal, Señor de la Destrucción.

A parte de la evidente y llamativa mejora gráfica, en la que Vicarious Visions ha rehecho todos los escenarios y personajes con nuevos detalles, iluminación, efectos de magias, y otros elementos y animaciones, con un resultado excelente, sin ser espectacular, también se ha rediseñado la interfaz de usuario para disfrutar de una hoja de personaje con información avanzada, comparaciones entre las descripciones de los objetos, asignación automática a un grupo al entrar en partidas multijugador y otras muchas cosas en la nueva y mejorada interfaz de Diablo II: Resurrected. Cómo no mencionar el detallazo de que podamos cambiar entre el nuevo aspecto y el clásico, con un sólo botón, y apreciar la gran diferencia entre ambos acabados. Y por último, mención especial a esas maravillosas e inolvidables cinemáticas, también remasterizadas. Un trabajo impecable en este sentido.

Uno de los puntos fuertes de Diablo II: Resurrected, posiblemente su mayor baza al igual que lo fue en su día y que lo convirtió en juego que disfrutaron varias generaciones, es el juego online, ahora compartido con hasta ocho jugadores, y cada uno de los cuales puede contar con su propio mercenario. Además, iban a incorporar la progresión cruzada para que podamos llevarnos nuestros progresos a la plataforma que queramos, sin perder nuestros personajes y su equipo.

Me parece increíble que este juego no llegara en su día a consolas, como sí lo hicieron las otras dos entregas de la saga, pero nunca es tarde si la dicha es buena (y qué dicha más buena), y por fin lo podemos disfrutar en todas las plataformas, con un control perfectamente adaptado.

No sé si Diablo II: Resurrected se sentirá viejo, pero sí que puedo decir que la experiencia es exactamente la misma que con el Diablo II original, y esto tiene sus (al menos para mí) pegas, como es la gestión de nuestro escasísimo inventario, que para un juego de estas características se evidencia más, la fugaz barra de resistencia, algo desesperante, o la ausencia de brújula o un mapa donde ubicarnos. Esto último ya es una cuestión personal, de que nos hemos acomodado como videojugadores, y de que ahora nos resulta tedioso volver a viejas costumbres, cuando había menos ayudas e indicaciones. A parte de estos tres puntos, de los que no os vais a librar en todo el juego, Diablo II: Resurrected se juega estupendísimamente, mucho mejor que juegos actuales de su mismo género, pero no puedo evitar tener esa sensación de que yo ya he jugado a esto, y además mucho, muchísimo. No es como cuando uno, tras 20 años dice “Voy a rejugar a…”, qué sé yo, “Final Fantasy VII”, esto es otra cosa, es otro tipo de juego, uno basado en la repetición constante de niveles y enfrentamientos con el fin último de obtener las mejores piezas de equipo, y en definitiva, ser el tipo más duro de Battlenet. No obstante, si en su día no lo jugaste, o lo jugaste poco, o no te acuerdas, aquí tienes la mejor oportunidad para disfrutar del que durante muchos años fue el mejor Action-RPG de la historia.

 

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Diablo II Resurrected

8.3

Historia

8.0/10

Jugabilidad

9.0/10

Diseño Artístico

9.0/10

Diseño de Sonido

7.0/10

A Favor

  • Volver a disfrutar del mejor Action RPG de la historia
  • El trabajo de remasterización visualmente hablando

En Contra

  • Ningún cambio jugable
  • Puede sentirse viejo en algunos aspectos