En 2019 tuve la oportunidad, y la suerte, de adquirir una segunda vivienda. Una céntrica casa en mi localidad con mucho carácter, y con mucho carácter quiero decir con muchos años, tantos como cien. Y tras una sobredosis de programas de gemelos que reforman casas y de competiciones entre diseñadores contra agentes inmobiliarios, decidí vestir mi mejor camisa a cuadros y ponerme manos a la obra en la reforma de aquella casa centenaria. En 2024, tras cuatro años de trabajo, quedó terminada la reforma y con el tiempo me han quedado varias cosas claras. La primera de ellas es que nada es tan fácil como nos lo pintan en la televisión y la otra es que adquirir una casa centenaria conlleva adquirir también todos los problemas de una casa de cien años. Pero otro lado la dichosa casita me sorprendió con las historias que 3 generaciones se habían dejado allí.
Y no hablo de trastos o basura olvidada allí, si no de cosas más sutiles. Antiguas tinajas rajadas por la edad de cuando beber agua no era tan fácil como girar una manivela, de una gran chimenea de leña situada en una cocina en lugar de en el salón de cuando en las casas no habían cocinas a gas, un salón reconvertido en dormitorio que habla de personas ya demasiado mayores para subir escaleras o de una segunda planta llena de mini habitaciones que cuenta a gritos que para los últimos dueños aquello solo era algo con lo que sacar el dinero a los estudiantes. Una cronología bastante precisa de como era cada una de las familias que habían pasado por allí y de lo que esa casa significaba para ellas. Quizás es por mi propia vivencia por lo que The Berlin Apartment me ha calado tanto. Es un juego que nos propone descubrir exactamente esto mismo. Revivir las experiencias vitales que habían quedado en un lugar. Historias de un pasado aferradas a nuestro presente gracias a objetos que han perdurado en el tiempo más allá que las personas que un día la habitaron.
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Para lanzarnos en este viaje BTF nos pone en la piel de una pequeña que revolotea alrededor de su padre mientras este reforma un céntrico apartamento de la capital alemana. Mientras Malik, el padre, va trabajando en cada una de las habitaciones de la casa Dilara, la niña, ira recorriendo las estancias encontrando distintos objetos que nos harán viajar de su presente, un ya lejano 2020, a diferentes fechas de la historia reciente de Alemania. No es spoiler decir que estos objetos nos harán revivir 4 historias, si no contamos la propia de Malik y Dilara, que transcurren antes, durante y tras la segunda guerra mundial. Y a través de ellas conoceremos los momentos más íntimos, y dolorosos, de los personajes que las protagonizan.
Cuatro relatos que muestran al jugador las condiciones en las que vivían los alemanes en esos momentos claves en la historia alemana. El miedo de un anciano judío a la represión nazi mientras prepara su maleta para marcharse a Francia, la angustia de una madre que no puede dar una cena a sus hijos en un Berlín desbastado por los bombardeos, la desesperación de una escritora que ha de soportar las continuas interferencias de la censura del gobierno socialista de la Alemania del este o la tristeza de un botánico que se ve solo después de que su compañero de piso desertará a Berlín occidental y vive atormentado por si tomó la decisión equivocada quedándose en casa. Historias que ponen el foco a la certeza de que el peso de la represión siempre estuvo presente durante esos años, solo cambió de nombre, de partido nazi a partido comunista. La correa era la misma, lo que cambió fue el dueño.

Lo curioso de The Berlin Apartment es que pese a que el juego se desarrolla dentro de una misma localización, a nivel jugable, las cuatro historias se sienten muy distintas entre si y no solo por lo distinto de los personajes y argumentos. El estudio se las apaña para proponer experiencias jugables distintas en cada uno de los capítulos del juego. En la historia de Josef somos un anciano dueño de un cine ya cerrado que debe de explorar su casa buscando sus pertenencias más preciadas y a medida que vamos recorriendo el apartamento vamos recorriendo también su experiencia vital a través de sus recuerdos, y todo esto lo hacemos a la velocidad de un anciano que se debe de ayudar con un bastón para caminar. O en otra somos Antonia, una escritora que ha de lidiar con la presión de su editor, y censor, mientras escribe una historia de ciencia ficción que va cobrando vida ante nuestros ojos arrastrándonos hasta una inmensa nave espacial a explorar. Cada jugabilidad esta asociada al personaje, a su historia, y esta diseñada para complementar el guion y dar fuerza narrativa. No se fuerzan acciones, no hay puzzles irresolubles, The Berlin Apartment no busca un desafío a nivel jugable si no uno a nivel emocional, quiere que empatices durante unos instantes con sus personajes, que sientas lo que debieron de sentir, su miedo, su ansiedad, su tristeza y si no lo haces al menos se conforma con que puedas ponerte en su lugar por unos minutos. Porque lo realmente importante en el juego, y esto es algo ya muy manido de decir, son estos personajes, son Josef, Magda, Mathilda, Lukas, Toni, Kolja y por supuesto Malik y Dilara.
The Berlin Apartment es uno de esos títulos indies que pasan sin pena ni gloria por nuestras vidas jugonas, yo de hecho me enteré de su existencia de puro rebote tras leer la review que escribió mi compañero Jorge Cuadrí de Constance, otro titulo del estudio. Pero cuando los juegas te das cuenta de lo injusto de esta industria, de como juegos absolutamente geniales como este pasan totalmente desapercibidos y el ultimo triple A clónico de pegar tiros, «a lo Fornite», arrasa en las lista de ventas ganando jugadores sin saber muy bien porque. Este es un de esos juegos que no solo te hace reflexionar sobre las historias y vivencias que otras personas ha podido dejar para ti, escondidas dentro de algún objeto sin importancia, si no de las que tu mismo vas a dejar escritas, impregnadas en el lugar donde vives y que quizás, algún día, con algo de suerte, otros puedan encontrar algo que les ayuda a revivirlas.
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