Os seré sincero. Cuando The Witcher 3 Remastered se anunció hace poco más de un mes, me cogió con la guardia baja. Y es que hay juegos que reciben una remasterización porque han quedado técnicamente desfasados y necesitan una actualización para seguir siendo competitivos. No es el caso de The Witcher 3.
El juego de CD Projekt RED lleva años recibiendo actualizaciones, mejoras, versiones para distintas generaciones y expansiones que, por sí mismas, podrían haber constituido un juego completo. De hecho, la actualización de nueva generación publicada originalmente en 2022 ya había supuesto un considerable lavado de cara para el título.
Por eso resulta interesante comprobar qué pretende realmente esta nueva edición Remastered. Sí, todos lo sabemos, Songs of the Past está a la vuelta de la esquina y el horizonte empieza a vislumbrar también The Witcher 4 así que volver a poner a Geralt en el escaparate no está de más. Pero la manera altruista en que se ha hecho con los usuarios que ya poseían la edición base o con los usuarios de Switch 2 poseedores de la meritoria pero limitada entrega de su predecesora, es algo digno de admirar a día de hoy, especialmente en los tiempos oscuros en los que se encuentra la industria.

Y lo que encontramos está bastante lejos de limitarse a aumentar la resolución de las texturas y ver unos cuantos poros más en el rostro del bueno de Geralt.
CD Projekt RED ha revisado diferentes aspectos del apartado técnico, ha incorporado mejoras jugables y ha aprovechado las posibilidades del hardware actual. En PC y en las consolas de nueva generación el resultado es una evolución de la versión que ya conocíamos, mientras que en Nintendo Switch 2 el salto resulta especialmente significativo.
Y es precisamente esta última versión la que merece una atención especial. Pero eso será más avanzado el análisis. Seguid leyendo.

Una actualización que va más allá de lo visual
El término «remasterización» puede llevarnos a pensar inmediatamente en texturas de mayor resolución, mejores sombras o una iluminación más avanzada. Todo eso está aquí, pero el trabajo de CD Projekt RED también afecta a sistemas que utilizamos constantemente durante la partida.
Uno de los cambios más interesantes es la revisión del sistema de habilidades.
Las habilidades pasan a organizarse en árboles con tres rangos y requisitos previos para desbloquear determinados elementos. Esto modifica ligeramente la forma de construir a Geralt y obliga a prestar más atención a la progresión del personaje. También se han reajustado los valores, efectos y sinergias de diferentes habilidades.
No es una revolución respecto al sistema original, pero sí una modificación suficientemente importante como para que el desarrollo del personaje resulte más coherente.

También se ha añadido la posibilidad de reforjar determinadas piezas de equipo para modificar su apariencia sin alterar sus estadísticas, una solución especialmente útil para quienes quieren mantener un determinado aspecto de Geralt sin tener que sacrificar las características de una armadura concreta.
El combate también ha recibido ajustes. CD Projekt RED ha revisado el comportamiento de numerosos enemigos, incluyendo sus patrones de ataque, movimientos, contraataques y reacciones.
Y aquí aparecen varias de las mejoras que, aunque puedan parecer pequeñas sobre el papel, tienen más importancia durante una partida de muchas horas.
Una jugabilidad más cómoda
La actualización de nueva generación ya había incorporado algunas de las mejoras de calidad de vida más importantes para The Witcher 3.
El lanzamiento rápido de Señales es probablemente la más evidente.
Ya no es necesario recurrir constantemente a la rueda radial para seleccionar una Señal. El sistema de Quick Sign Casting permite asignarlas directamente a los botones correspondientes, haciendo que el combate resulte más rápido y evitando una interrupción que, después de cientos de horas, terminaba resultando innecesaria.
La cámara alternativa, situada más cerca de Geralt, también cambia la sensación durante la exploración y los combates. No sustituye a la cámara tradicional, sino que ofrece una alternativa más cercana y dinámica que podemos configurar independientemente para explorar, luchar o montar a caballo.

También se han introducido mejoras en el mapa, la interfaz y la información que aparece en pantalla. Podemos ocultar dinámicamente determinados elementos del HUD y reducir la cantidad de información que recibimos mientras exploramos.
Puede parecer contradictorio hablar de una mejora de un juego reduciendo información en pantalla, pero precisamente ahí está una de las virtudes de estas modificaciones: The Witcher 3 ya tenía demasiados elementos compitiendo por nuestra atención.
Después de tantos años, CD Projekt RED ha entendido que mejorar la experiencia no consiste únicamente en añadir cosas.
A veces consiste en permitirnos quitar algunas.

Un lavado de cara que se nota
En el apartado gráfico, esta versión remasterizada parte de una base que ya había recibido una considerable actualización en 2022.
Se han mejorado las texturas y modelos, la iluminación, la vegetación, los materiales, el agua, el terreno y diferentes efectos visuales. También se ha actualizado el sistema de sombreado, el mapeado de tonos y la iluminación ambiental.
En PC se ha incorporado además el renderizado nativo mediante DirectX 12 con multihilo, junto con nuevas opciones gráficas y tecnologías de reconstrucción de imagen. El resultado depende lógicamente del hardware disponible, pero la versión de PC continúa siendo la que ofrece el mayor margen para ajustar la calidad visual.
En las consolas actuales, el trazado de rayos sigue siendo uno de los elementos más llamativos de esta evolución, especialmente por la forma en la que afecta a la iluminación global.
Pero hay algo que conviene recordar. The Witcher 3 sigue siendo The Witcher 3. No estamos ante un remake. Los modelos, las animaciones y determinados elementos del diseño original continúan siendo reconocibles. Hay situaciones en las que el paso del tiempo resulta evidente, especialmente en personajes secundarios y animaciones que no han sido reconstruidas desde cero. La diferencia es que ahora el conjunto está mucho mejor integrado en un entorno técnicamente más avanzado. Y eso se nota más mientras jugamos que cuando nos detenemos a comparar una captura con otra.

Nintendo Switch 2: el verdadero salto
Si existe una versión que permite comprobar hasta dónde ha llegado esta actualización, esa es la de Nintendo Switch 2.
En 2019 ya parecía complicado introducir The Witcher 3 en la primera Switch. CD Projekt RED consiguió hacerlo, pero a cambio de reducir considerablemente la resolución, la distancia de dibujado, la calidad de las texturas y otros elementos gráficos y trucos como alejar la cámara de la tercera persona.
Aquella versión tenía un mérito técnico enorme, pero también dejaba claro que el hardware estaba trabajando al límite y no estaba libre de caídas evidentes de framerate.

La situación cambia radicalmente con Switch 2. La nueva versión conserva buena parte de las mejoras introducidas en las versiones actuales, aunque adaptadas a las posibilidades de la consola. La iluminación, la vegetación, los materiales y la distancia de dibujado reciben un tratamiento muy superior al de la versión original de Switch.
La diferencia no consiste simplemente en que el juego se vea más definido. El mundo deja de parecer una versión comprimida de The Witcher 3 y vuelve a aproximarse visualmente al juego que conocíamos en las consolas de sobremesa y, por ejemplo, deja notablemente atrás a la versión de Steam Deck.
Eso sí, hay que aceptar determinadas concesiones. En modo portátil se apunta a una resolución de 720p, mientras que en televisión el objetivo es 1080p mediante reconstrucción. El uso de DLSS permite conseguir una imagen considerablemente más limpia de lo que permitiría una resolución interna tan baja, aunque también puede producir determinados artefactos y cierta falta de nitidez en algunas situaciones.

Y este es probablemente uno de los puntos más discutibles de esta versión. Switch 2 puede mover The Witcher 3, pero no puede hacerlo con todos los ajustes de las versiones de sobremesa. Las sombras, la distancia de dibujado y determinados elementos de iluminación se encuentran por debajo de las versiones más potentes.
Pero la comparación realmente importante no es con un PC de gama alta. Es con la primera Switch. Y ahí la diferencia es enorme.
30, 40… y el problema de los 60 fotogramas
El rendimiento merece un apartado propio. La versión de Switch 2 busca moverse alrededor de los 40 FPS, especialmente en portátil, aprovechando además la pantalla con VRR. En televisión la situación depende de las características de la propia televisión o monitor que se emplee pero para aprovechar correctamente el objetivo de 40 FPS resulta especialmente importante disponer de una pantalla compatible con 120 Hz. En televisores convencionales de 60 Hz, el juego puede funcionar a 30 FPS. Y aquí aparece una de las decisiones más discutibles de esta versión: no existe un selector tradicional entre modo calidad y modo rendimiento como encontramos en otros títulos de Switch 2. Es una decisión comprensible desde el punto de vista del desarrollo, pero limita las posibilidades del usuario.

Personalmente, creo que habría sido interesante disponer de dos perfiles claramente diferenciados: uno priorizando resolución y calidad gráfica a 30 FPS y otro reduciendo determinados parámetros para intentar alcanzar 40 FPS o, idealmente, 60 FPS. Porque esa es precisamente la gran pregunta que queda en el aire: ¿Por qué no 60 FPS?. No significa que la versión funcione mal. Al contrario. Las primeras pruebas muestran un rendimiento generalmente sólido y muy superior al de la primera Switch. Pero teniendo en cuenta lo que Switch 2 ha demostrado con otros juegos de gran complejidad, resulta inevitable preguntarse si existía margen para ofrecer un modo rendimiento más agresivo.
Especialmente porque el combate de The Witcher 3 se beneficia muchísimo de una mayor tasa de imágenes por segundo.
El control también cambia
Aquí es donde la versión de Switch 2 empieza a diferenciarse realmente de una simple conversión. CD Projekt RED ha integrado diferentes posibilidades de control específicas del hardware. Tenemos giroscopio, controles de movimiento, pantalla táctil y control mediante ratón, además de las características de los Joy-Con 2.
El movimiento puede utilizarse para acciones como lanzar Señales, utilizar la ballesta o las bombas, llamar a Sardinilla e incluso controlar determinadas acciones mientras montamos.

También podemos utilizar el giroscopio para apuntar. Y después está el control mediante ratón.
Puede parecer una función secundaria, pero resulta especialmente interesante en un RPG con tantos menús, inventario, mapa y elementos de gestión. Switch 2 permite utilizar el Joy-Con 2 como dispositivo de apuntado y ofrece distintos esquemas para adaptar su funcionamiento.
No todos estos sistemas resultan imprescindibles. Y esa es precisamente la clave. No pretenden sustituir al control tradicional. Lo complementan. Podemos jugar a The Witcher 3 exactamente como siempre o aprovechar las posibilidades específicas de Switch 2 según nuestras preferencias.
La pantalla táctil también tiene diferentes usos en menús, diálogos, mapa, Gwynt y modo foto, mientras que la vibración HD de los Joy-Con 2 proporciona una respuesta más detallada. Son pequeñas incorporaciones, pero contribuyen a que esta versión tenga personalidad propia.
Los tiempos de carga
Hay otra mejora de Switch 2 que quizá no aparece en una captura de pantalla, pero que sí cambia la experiencia cotidiana: los tiempos de carga.
El SSD de la nueva consola permite reducir considerablemente las esperas respecto a la primera Switch. En un juego tan grande, esto tiene bastante importancia. The Witcher 3 obliga constantemente a cambiar de localización, cargar partidas, entrar y salir de edificios o desplazarse entre regiones. En la primera Switch, esos momentos eran uno de los principales recordatorios de las limitaciones del hardware.
En Switch 2 la situación es muy diferente. No convierte mágicamente todas las cargas en instantáneas, pero sí elimina buena parte de aquella sensación de estar esperando al juego. Y cuanto más jugamos, más se agradece.
¿Es realmente una remasterización?
Aquí es donde creo que merece la pena hacer una distinción. Si esperamos un juego completamente reconstruido, la respuesta es no. The Witcher 3 Remastered no pretende hacer con el juego lo que un remake moderno haría con un título de hace veinte años.

Pero si entendemos la remasterización como una actualización destinada a adaptar un juego a las posibilidades actuales, el concepto funciona bastante mejor.
Tenemos mejoras visuales, iluminación actualizada, nuevas opciones gráficas, mejoras de rendimiento, cambios en el sistema de habilidades, ajustes en el combate, mejoras de interfaz, cámara alternativa, lanzamiento rápido de Señales, nuevas opciones de HUD, contenido adicional y, en Switch 2, una adaptación específica de los controles. Es decir, no se ha limitado a ponerle una capa de pintura.Y eso es probablemente lo más importante de esta versión.
Una segunda vida especialmente interesante en Switch 2
The Witcher 3 no necesitaba demostrar que era un gran RPG. Eso ya lo había hecho. Lo que tenía que demostrar esta remasterización era que todavía existía margen para mejorar una experiencia que, durante años, se había considerado prácticamente definitiva.Y la respuesta es sí, aunque con matices.

En PC y consolas de nueva generación, las mejoras visuales permiten disfrutar de una versión técnicamente más avanzada, mientras que los cambios jugables corrigen algunas de las pequeñas incomodidades acumuladas después de cientos de horas. Pero es en Nintendo Switch 2 donde el trabajo adquiere mayor interés. La primera versión de Switch fue una demostración de hasta dónde se podía llevar The Witcher 3 reduciendo sus exigencias. Esta nueva edición intenta hacer exactamente lo contrario: mantener buena parte de la presentación moderna del juego dentro de las posibilidades de un hardware portátil. No siempre lo consigue con la nitidez o la tasa de imágenes que podríamos desear, y la ausencia de un verdadero modo a 60 FPS resulta difícil de ignorar. Pero el salto respecto a la primera Switch es suficientemente grande como para que parezcan dos versiones de generaciones diferentes.
Y quizá esa sea la mejor manera de entender esta remasterización. No pretende convertir The Witcher 3 en un juego nuevo. Pretende conseguir que un juego de 2015 deje de sentirse como un juego de 2015 cuando lo ejecutamos en hardware de 2026. Y, especialmente en Switch 2, lo consigue en buena medida.

Y no puedo despedirme sin entrar a valorar el gesto de CD Project regalando esta remasterización y sus Dlcs a todos los que ya poseían el juego base. Y es que resulta paradójico que una de las decisiones que más valor aporta directamente al jugador pueda ser interpretada negativamente por el mercado. CD Projekt RED podía haber convertido The Witcher 3 Remastered en un producto de pago y obtener ingresos inmediatos de millones de jugadores que ya habían comprado el juego. En cambio, decidió regalar la actualización y, más aún, las dos expansiones originales a quienes solo poseían el juego base. Para el jugador, la operación tiene una lectura evidente: una compañía que podría cobrarte de nuevo por un producto que ya tienes decide no hacerlo. Para el accionista, sin embargo, regalar ese contenido significa renunciar a una fuente potencial de ingresos directos. La diferencia resulta reveladora: el jugador valora el contenido que recibe; el mercado también tiene que valorar el dinero que la compañía deja de ingresar.
Y quizá ahí esté una de las cosas más interesantes de este lanzamiento. CD Projekt RED no parece plantear The Witcher 3 Remastered como una simple reedición para volver a vender un juego de 2015, sino como una manera de mantener vivo su catálogo mientras prepara el terreno para Songs of the Past, la expansión prevista para 2027, y para el futuro The Witcher 4. La propia compañía ha explicado que nunca llegó a plantearse cobrar a los propietarios por la remasterización.
A veces, lo que constituye una buena noticia para el jugador puede no serlo inmediatamente para quien mira una compañía desde una hoja de cálculo. Y pocas decisiones ilustran mejor esa distancia que regalar una remasterización de uno de los RPG más importantes de la última década.
Así que, gracias CD Project, aún queda bondad en la industria.
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A Favor
- Una actualización tan inecesaria como imprescindible
- El nuevo sistema de gestión de atributos
- Nintendo Switch 2 necesitaba esto como el comer
- Actualización gratuita y además regala los Dlcs a quien no los tuviese. Gracias CD Project
En Contra
- Es un lavado de cara importante pero exige más de lo que necesita en PC






