Stranger Things, el “must have” de este año. – No es Pais para Frikis

Stranger Things, el “must have” de este año.

Lo nuevo de Netflix nos ha llegado como lo hacen siempre las cosas buenas: sin hacer ruido, sin estridencias. Entro en nuestras vidas con un tráiler sencillo pero cargado de imágenes que inundaban tu cabeza con cientos de ideas, todas conocidas, todas ya vistas o leídas, pero que iluminaban tu cerebro con ese raro sentimiento que se encuentra a medio camino entre la ilusión y la duda.

Un pueblo tranquilo donde nunca pasa nada, 4 niños con ese puro y blanco sentimiento de la amistad que solo se tiene en la niñez, ese suceso inesperado, la búsqueda, el drama, lo paranormal, los momentos cómicos… son cosas que nos suenan, que ya nos han contado y que aquí nos las vuelven a contar, pero lo hacen sin estridencias y con la inocencia que te da el saber que no quieres ser el bombazo de la temporada. Todas las ideas se van posando capitulo tras capitulo creando un fondo en tu interior que hace que esta serie se convierta en lo mejor que hemos visto este año.

Juega con nuestra nostalgia, pero al contrario que en producciones como Super 8, lo hace de una manera cuidada y elegante, sin llegar a el trato impersonal que se cae cuando se hace algo tirando de cartera. Ya desde los títulos de crédito nos damos cuenta que esta serie nos va a robar el corazón, y desde el minuto 1 al 50 nos bombardea con continuas referencias a esos añorados 80’s donde crecimos y son referencias cercanas, de cosas cotidianas como lo era una partida al dragones y mazmorras, un poster de “La Cosa”, esas bicicletas de sillón largo o esos Walki takie que de crio todos hemos tenido.

El argumento mezcla de manera soberbia el suspense y la intriga con el sentimiento de  maravilla y descubrimiento. La historia de la desaparición de un hijo, de un amigo, y las “extrañas circunstancias” de esta desaparición y de cómo esto afecta a los personajes y de cómo intentan esclarecer lo sucedido. Es una historia de amigos, de crisis adolescente, de locura, de padres que vuelven a recuperar la inocencia, la fe… pero en el fondo lo que los hermanos Duffer , que vienen de filmar otra gran serie como fue Wayward Pines, nos proponen es la eterna historia del bien contra el mal, de cómo siempre hay una luz en la oscuridad que tenemos que perseguir cueste lo que cueste y no dejar que se escape. Una historia de cómo la inocencia triunfa sobre mal y donde creer en lo imposible hace que todo se vuelva posible.

Los serie toma aire Spielberg, de King, de Dante, de Carpenter o de Hooper y lo hace sin complejos, lo hace sabiendo que ellos son mejores y que no podrá igualar sus Goonies, sus Cuenta Conmigo, su Cosa o su Poltergeist. Un homenaje por aquí, un plano casi calcado por allá van salpicando la película y que hacen que una sonrisa de complicidad aparezca en nuestra cara mientras al espectador ocasional les pasan desapercibido inconsciente de que esta dejando pasar la mitad del jugo de la serie.

El trabajo de los actores es impecable, del casting solo se puede decir que es soberbio. Wynona Rider esta perfecta, como siempre, recorre de manera perfecta el difícil camino que es mostrar la desesperación, la locura, sin llegar a la siempre odiosa sobreactuación. David Harbour también esta de Oscar, es sin duda, el personaje más interesante de la serie, su paso desde el escepticismo a convertirse en el héroe de la cinta no se puede describir de otra manera que no sea perfecta, trasmite en todo momento el dolor que siente el personaje debido a las perdidas de su pasado y que te hace empatizar con el de manera única. Otros que hacen un gran trabajo es la Natalia Dyer (esta joven ya tiene un hueco en mi corazón para siempre) y su acompañante Charly Heaton nos recuerdan los problemas que tuvimos de adolescentes (monstruos del armario aparte), la química entre ellos es asombrosa y son sin duda la pareja de la serie. El único punto negro que hay en casting lo pone el veterano Mathew Modine, que esta en modo “donde esta mi cheque”. Es el malo de la cinta pero nos da igual no tiene ambiciones ni carisma ni nada, es la imagen de la apatía y simplemente no nos importa  lo que hace o lo que le pase y eso es lo peor que puede hacer un actor con su personaje. Una pena.

Por último dejo a lo mejor de la serie, el cuarteto protagonista. Es sin lugar a dudas el mejor acierto de casting desde…desde…no sabría decir…no recuerdo otra serie o película donde los personajes tuvieran tanta química. Podría decir que desde “Los Goonies” o “Cuenta conmigo” no había visto algo parecido pero haría trampa pues esos personajes están anclados en mi memoria como hitos cinematográficos de mi infancia y no podría ser objetivo. Caleb Mclaughlin, Finn Wolfhard, Gaten Matarazzo y Millie Brown casan a la perfección los unos con los otros y forman un conjunto con una cohesión narrativa inexplicable. Las miradas de complicidad, los abrazos, las discusiones, el miedo, las bromas… todo fluye de manera natural entre ellos. Transmiten ese sentido de honor y camaradería que solo se tiene cuando tienes 12 años y que una vez creces se pierde para siempre. Son frikis, perdedores de un estilo de vida que no va con ellos y que poco les importa, no necesitan que nadie les entienda, lo único que les importa son sus amigos y la necesidad de hacer lo que en su inocencia creen que es correcto. La preocupación por sus compañeros, el saber que están bien y el encontrar las repuestas a algo que en su cabeza no cuadra es la única motivación que necesitan para comenzar su aventura.

Para que esto no parezca que estoy cayendo en el onanismo televisivo de mi infancia tengo que aclarar que la serie tiene pequeños puntos negros, algún que otro giro de guión que al final no lleva a ningún sitio, decisiones deus ex maquina, un CGI que deja mucho que desear o un final que puede no ser del gusto de todos pueden empañar lo que es una gran serie. Pero debemos de perdonar estos pequeños detalles para disfrutar de un producto hecho con mucho mimo, con cariño y lo que es mas importante con respeto a los origenes de donde bebe y que es una oda a toda la televisión y literatura con la que hemos crecido. Y me voy a despedir diciendo, aunque parezca interesado, “CUIDADO CON EL DEMOGORGON”

 

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