Cielos Radiantes

Para un lector nobel en la lectura de manga, como es el que escribe, conocer por primera vez a Taniguchi leyendo esta obra es una experiencia realmente mágica y una de las mejores formas de entrar en el mundo del comic japonés. El autor nos hace reflexionar sobre la muerte, la reencarnación, las relaciones familiares y  la redención. Nos habla también de las segundas oportunidades y del Carpe Diem tan olvidado en los tiempos que corren, donde el trabajo y lo monótono del quehacer diario nos asfixian bajo su peso.

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Para contarnos esta historia Jiro Taniguchi se aparta del camino “slice of life” que predomina en sus títulos y se adentra en el terreno de lo fantástico y de, porque no decirlo, de lo etéreo. Kazuhiro Kubota es un cabeza de familia que se ha visto obligado a dejar de lado a su mujer y su hija en pos de una extenuante vida laboral. La sombra de la crisis económica, el miedo al despido y al fracaso son la preocupación dominante en los pensamientos de Kubota que no duda en realizar interminables jornadas de 14 horas en su empresa.

En el extremo opuesto tenemos Takuya Onodera un joven de 17 años con toda la vida por delante, que ha elegido apartar a su familia de forma voluntaria en pro de su rebeldía juvenil y su pasión por el motocross. Ambos se verán envueltos en un accidente de tráfico del que solo saldrá vivo Takuya, que milagrosamente se recuperará del coma. Despertará en la cama del hospital pero algo ha cambiado en el, de algún modo, la consciencia del atormentado padre de familia se ha trasvasado al cuerpo del joven. Por este capricho del destino Kubota tiene una segunda oportunidad para volver a ver a su mujer e hija y pedirles perdón. Pero debe darse prisa pues los recuerdos del joven Takuya comienzan a aparecer y su consciencia pronto volverá a tener el control de su cuerpo haciendo que Kubota desaparezca para siempre.

Taniguchi nos invita a un maravilloso viaje donde la ternura se mezcla con lo fantástico y que para que podamos disfrutar de él solo nos pide que suspendamos nuestra credibilidad durante unos instantes y aceptemos, que de algún modo, la vida puede albergar algo de magia. Kubota ve los problemas juveniles de Takuya y desde la distancia que da la experiencia intenta enseñar al joven a no cometer los errores en los que él mismo ha caído. Intenta guiarlo como lo haría un maestro con su aprendiz. Es el modo con el que Kubota intenta compensar a Takuya por ocupar su cuerpo y de intentar redimirse él mismo como persona.

El ritmo con el que Taniguchi nos narra la historia es magistral, este hombre sabe marcar los tiempos de una manera increíble. En todo momento es consciente de cuál debe ser el tempo de cada dialogo y mide los silencios de una forma pasmosa. Cada viñeta está diseñada para llevarnos de la mano, poco a poco y con exquisito cuidado, hacia un gran clímax capaz de hacer que los sentimientos del lector se sintonicen con los de los personajes convirtiendo en nuestra toda la emoción de los personajes y donde terminaremos derramaremos más de una lágrima.

En lo referente al dibujo poco o nada hay que decir. Jiro Taniguchi, como siempre, esta de 10. Cada viñeta suelta es una pequeña obra de arte, están dibujadas para ser admiradas poco a poco e ir saboreándola una a una con calma, sin prisa. Su atención por el detalle no tiene adjetivo que lo califique, estamos ante un dibujante que se toma la molestia en dibujar los marcos de las ventanas de los edificios que aparecen en la segunda línea de fondo de los paisajes. Las expresiones faciales de sus personajes que pueblan la obra reflejan cada emoción, cada sentimiento de manera perfecta. En todo momento se aprecia el gran trabajo realizado con ellos y en especial con los dos protagonistas de la historia donde muestra un mimo y cariño desmedido.

Tenemos que destacar la potencia narrativa de su dibujo. Su fuerza es tal que sí elimináramos los diálogos de la novela no afectaría en nada al conjunto final, nos conmovería de la misma forma. La historia se narra perfectamente solo con el dibujo. La estructura y composición de cada página está pensada para explicar una situación o acentuar una sensación determinada. Todo con el firme propósito de remover esa fibra sentimental que todos tenemos. Pero no os penséis que es una obra que va orientada a la lágrima fácil…al contrario. Taniguchi lo que intenta hacer es ponernos en la situación de ambos protagonistas y que seamos conscientes de la desesperación de ambos protagonistas.

Con todo esto si decimos que Jiro Taniguchi es un maestro del manga y que es seguramente pasara a la historia por la magia de sus guiones y la sensibilidad con la que los plasma en el papel no sorprenderá a nadie. Pero no por ello no tenemos que dejar de decirlo y de recalcarlo. Cielos Radiantes es una gran obra, para muchos desconocida, y que puede ser la puerta de entrada perfecta para que te animes con el comic del “país del sol naciente”.

 

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