Syberia 3

Hemos tenido que esperar trece años para que Benoît Sokal retome la aventura de Kate Walker. Mucho ha llovido desde entonces, para bien y para mal, y el juego es una muy buena muestra de ello: nos transporta a las aventuras gráficas que nos encandilaron hace ya unas décadas, aportando ciertas novedades pero arrastrando una serie de problemas que pueden llegar a lastrar la experiencia jugable.

Esta obra nos ubica justo después de los sucesos de Syberia II: Kate Walker es rescatada por los Youkol, una tribu nómada, despreciada por los habitantes de Valsembor. Ellos serán el eje de esta tercera entrega pues, tras despertarse ya recuperada en un hospital, Kate conocerá a Kurk, el líder de la tribu, quien está siendo retenido en el edificio: el propósito de nuestra protagonista será ayudarlos en su larga travesía a través de su peregrinaje.

Sin duda, el argumento presenta ideas y situaciones muy bien elaboradas, con personajes muy variados que nos irán acompañando en nuestra odisea y que nos deparán momentos de tensión, emoción, rabia, comprensión… Una pena que muchos de ellos se queden en mero arquetipo: los malos son muy malos y los buenos, muy buenos. Una lástima, porque sin duda el abanico de personajes es muy amplio y haberlos dotados de una mayor profundidad hubiera redondeado un argumento que, por lo demás, está bien trazado y desarrollado.

Por su parte, el diseño de los escenarios es algo irregular: es cierto que hay parajes muy bellos en el juego, pero en general pecan de estar algo vacíos. Sí, es cierto, Syberia nos transporta a espacios donde el abandono y la soledad son imperantes, pero que una ciudad como Valsembor esté tan vacía no está justificado ni siquiera por el argumento. Sin embargo, la naturaleza cobra en este juego una presencia magníficas: son los escenarios donde impera los más bellos y memorables del juego, con una presencia tan bella como melancólicas.

Muchos os estaréis preguntando cómo anda el juego de puzzles, al fin y al cabo, son el eje de sus mecánicas. En general están bien diseñados y algunos son realmente diabólicos: la exploración del entorno y de los objetos que nos vamos encontrando son los mecanismos principales para resolverlos. Debemos estar atentos al más mínimo detalle pues las pistas suelen estar bien escondidas, sobre todo bien avanzada la trama, donde los puzzles son realmente complicados y pueden llegar a desesperarnos.  Pero si alguien tiene cierta alergia a la complejidad en los puzzles, que no se asuste, el videojuego ofrece dos modos de juego: “Viaje”, donde podremos disfrutar de sus mecánicas pero con más pistas e indicadores visuales; o bien el modo “Aventura”, donde las ayudas se reducen al mínimo y nos ponen en serios aprietos. Sólo a los más duchos en este género y a aquellos a quienes les apetezca un auténtico reto disfrutarán de esta última modalidad.

Ahora bien, sus mecánicas de juegos están lastradas por una lentitud en los movimientos que, a veces, exasperan y por unas cargas que sin ser muy dilatadas son constantes. Lo peor, sin embargo, son los bugs que son demasiado numerosos: algunos tan desastrosos como hacer desaparecer el suelo del escenario y hacernos levitar en él sin saber donde se encuentran las escaleras para poder salir del escenario; otros que directamente nos obligan a reiniciar la partida pues el personaje no responde a nuestros controles… Unos detalles que se irán solucionando con parches.

En el apartado sonoro tenemos buenas y malas noticias: por un lado, la banda sonora de Inon Zur es realmente majestuosa y sus melodías son exquisitas, sin duda, de lo mejor del juego; por otro lado, el juego no viene doblado al español aunque Meridiem Games ha prometido que en breve podremos gozar de ella en un futuro parche. Esperemos, eso sí, que el nivel del doblaje al español sea mejor que el ofrecido en el juego: sin ser malos, no dejan de estar faltos de emotividad y buena interpretación.

Pese a lo dicho, los amantes de los juegos de puzzles se reencontrarán aquí con una obra que nos devuelve a unas mecánicas prácticamente olvidadas en la actualidad de la industria. Una obra que nos habla del temor a lo diferente, al otro que no conocemos, de la naturaleza que nos envuelve y que hemos convertido en un objeto más. Un videojuego, en definitiva, que encantará a los jugadores más veteranos que echen de menos las aventuras gráficas de antaño, pero que debe pulir algunos de los defectos gráficos y bugs para lucir como merece. Es una lástima que hayan dejado pasar la oportunidad de revivir de la manera que merece un género hoy olvidado.

 

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